Nosotros, los seres humanos, somos sociables por naturaleza. Hacemos muchas cosas en grupo o acompañados. A veces hasta tomar el desayuno a solas nos resulta un poco incómodo. Sin embargo, existen situaciones donde se prefiere la soledad para crecer o para recapacitar. En muchas ocasiones preferimos estar a solas para meditar, relajarnos, leer o cualquier cosa que nos ayude a centrarnos. Pero no todas las veces preferimos estar solos.
Sobre la soledad no deseada es el tema en el que quiero aportar mi granito de arena en la iniciativa de Holos&Lotus: "Día Internacional contra la Soledad No Deseada"
Estar solos no siempre es una elección. Hay quienes, aun estando acompañados, llegan a sentirse sin compañía. Y es que muchas veces nuestras opiniones o formas diferentes de pensar, terminan alejándonos de quien nos rodea. Esa incompatibilidad de caracteres de la que muchos hablan puede terminar generando la sensación de soledad en familiares, parejas, amigos y más. Ese es un tipo de soledad.
Sin embargo, existe otra forma de soledad no deseada que a lo largo de los años se ha ido presentando y ya convive muy tranquilamente entre las personas. Se trata de la soledad de la rutina y las ocupaciones. Son muchos los padres que, al ver crecer a sus hijos, enfrentan la soledad no deseada. Sus hijos terminan consumidos en un hacer diario que los aleja de su entorno. Incluso viviendo en la misma ciudad o en la misma casa, no llegan a convivir o a compartir con la frecuencia que quisieran. Las ocupaciones mantienen una distancia obligada, que tarde o temprano pasa factura.
En la iniciativa de Holos, nos ofrecen varias preguntas a modo de guía para compartir nuestras opiniones. Una de las preguntas es: ¿Crees que la percepción de la soledad cambia a medida que envejecemos? ¿Cómo se vive la soledad en cada etapa?
Realmente creo que a medida que crecemos y avanzamos en nuestra vida, podemos percibir a la soledad de manera diferente. Quizás de niños, mientras explorábamos y jugábamos nos gustaba estar acompañados de amigos y compinches, que luego durante la adolescencia se hicieron casi necesarios. Ya después en la etapa adulta, nos volvemos más selectivos y nuestro círculo de "conocidos" o de amistades se va reduciendo. Supongo que en la vejez, nos vamos quedando con los que realmente están para nosotros.
Sentirse solos estando acompañados, trae consigo una historia que de alguna forma hay que revelar, para poder superar esa sensación. Si de alguna forma el entorno nos hace sentir solos, es porque en alguna medida no estamos vibrando en la misma frecuencia. Hay que revisar, trabajar en descubrir qué es lo que está creando ese muro invisible que genera soledad y así poder solucionarlo. La conversación sincera y asertiva puede ayudarnos a descubrir en dónde se está levantando el muro. Muy posiblemente buscar ayuda de un profesional en salud mental también nos puede ayudar mucho.
Acciones cotidianas para ayudar a reducir la soledad no deseada:
Tanto si somos nosotros los que nos sentimos así, o si lo observamos en algún familiar, amigos, etc. Creo que la conversación es fundamental. Sin embargo, también podemos aplicar ciertas acciones para ver avances o para prevenir esa sensación.
Mantenernos comunicados es esencial. Demostrar interés hacia la otra persona, a través de actos y no solo de palabras. Tomarnos el tiempo para estar presentes. Aprovechar las ventajas de la tecnología, en cuanto a comunicación se refiere.
Si nos sentimos solos aun estando rodeados de personas, trabajemos en ubicar la causa. Siempre es favorecedor contárselo a alguien y escuchar su punto de vista.
Agradecer:
Si al leer estas líneas, reconoces en tu día a día, que no te sientes solo, te invito a agradecerlo. Yo doy gracias por los seres que me acompañan siempre y que me hacen sentir protegida y acompañada. Agradezco inmensamente a Dios por las personas que aleja de mí, pues sé que está cumpliendo mi deseo de mantenerme rodeada de gente buena.
Gracias por visitarme y leer. Abrazos.