Al principio, la Sala Mariposa me pareció un enigma. Un lugar silencioso en medio del bullicio de la unidad de terapia intensiva neonatal. Pensé: "¿Por qué un espacio para la tristeza, cuando hay tantos pequeños luchando por vivir?", y de ser asi, porque no existe un espacio para celebrar las altas, la vida... Dilemas que vive un medico en su día a día...
Sin embargo, la vida te lleva al lugar donde debes estar para comprender muchas cosas. Fue asi, como un dia mis ojos se encontraron con la realidad más pura y dolorosa. Vi a unos padres entrar, sus pasos lentos, sus manos temblorosas sosteniendo un pequeño bulto. No había llanto estridente, solo un silencio que dolía, un silencio que hablaba de un amor que se había quedado sin tiempo.
Luego los vi salir, con una paz extraña en sus rostros. Entendí entonces que la Sala Mariposa no era un lugar de tristeza, sino un santuario de amor. Un espacio donde el tiempo se detiene, donde los padres pueden abrazar a su bebé, besar su frente, guardar un recuerdo tangible de su existencia efímera y dar ese ultimo adios.
En esa sala, el amor se hace palpable, se convierte en susurro, en caricia, en último adiós. Es un lugar donde el dolor se reconoce, se abraza, se transforma en recuerdo eterno. Y entonces, me tocó vivirlo de cerca. Una amiga, después de un embarazo lleno de ilusión, perdió a su pequeña bebe, y justo en la unidad de terapia intensiva neonatal donde yo trabajo. El dolor nos invadió a todos. Pero la Sala Mariposa fue su refugio. Allí, entre suaves mantas y luces tenues, mi amiga y su esposo pudieron despedirse, crear recuerdos que atesorarán por siempre.
Aprendí que el duelo perinatal es una herida profunda, un vacío que nadie puede llenar. Y la Sala Mariposa es un bálsamo, un refugio donde los padres pueden encontrar consuelo, donde pueden conectar con otros que han sentido el mismo dolor.
Investigando mas sobre el tema, encontre sobre unos conceptos que hasta el momento para mi eran desconocidos. Lei un poco sobre los bebés arcoíris, esos pequeños milagros que llegan después de la tormenta, trayendo esperanza y luz a los corazones rotos. Y también sobre los bebés luna, que llegan después del arcoíris, iluminando la noche con su suave resplandor, completando el ciclo de amor y sanación.
La Sala Mariposa es un recordatorio de que cada vida, por corta que sea, deja una huella imborrable. Es un lugar donde se honra la memoria de los bebés estrella, donde se celebra la llegada de los bebés arcoíris y luna, y donde el amor, en todas sus formas, encuentra un hogar.
Y es que la medicina es mucho más que conocimiento sobre patologías y fisiología. Es aprender a ser humano, a conectar con el dolor ajeno, a ofrecer consuelo y esperanza. Es trabajar la empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir con el otro. La Sala Mariposa me enseñó que la medicina también se ejerce con el corazón, con la compasión, con el amor.
Si conoces a alguien que ha perdido un bebé, no intentes buscar palabras que alivien su dolor. No las hay. Solo ofrece tu presencia, tu escucha, tu corazón abierto. Y si tienes la oportunidad, apoya la Sala Mariposa de tu hospital. Porque todos merecemos un lugar donde el amor, incluso en su forma más frágil, sea honrado y recordado. Y si quieres o te interesa saber mas sobre el tema, te invito a que vayas a las redes sociales de la autora de esta bonita iniciativa Maru de la maleta de Arturo, ella te podra explicar mucho mas de estos temas de duelo neonatal.
Por los momentos me despido, nos vemos en una siguiente publicacion.
NOTA IMPORTANTE: Todas las imagenes son de mi propiedad, fueron tomadas desde mi dispositivo movil modelo I Phone 12