Buenas tardes a tod@s en esta linda comunidad. Un placer siempre escribir para ustedes. Y es que aunque me tomó un poco de tiempo de una publicación a otra, se que vale la pena. Porque quienes me leen se toman su tiempo para hacerlo y eso merece el ser cuidadoso. Mi respeto por el tiempo y por el voto. Gracias por leer mis pensamientos.
El mendigo y el cuervo.
No soy normal y eso ya lo sabemos. Es una verdad que grito sin hablar. Lo entendí por el 1986 o 87, tenía 5 o 6 años y aún existía la URSS. No existía telefonía móvil - bueno! aún no era popular - pero en aquel entonces, sí recuerdo, que no carecíamos de electricidad. Entonces ¿ porqué mi obsesión con inventar un ventilador sin enchufe, ni electricidad? Creo que se llama energía continua.
Pronto entendí que si quería socializar debía olvidar a la osa mayor, la cruz del sur, oros viejos, Ícaro, Prometeo y a Caupolicán. No entendí nunca los juegos con bolas, y parece que era evidente, porque pasé los próximos 5 años sobre un colchón de aserrín cubierta por una lona. El olor a sudor y pies descalzos es contagioso y estimulante. No recuerdo ser agresivo, pero si un judoka fuerte, ágil y con estilo. Es que el talento se trasmuta, se canaliza hacia donde emigra tu visión.
Esa fue la primera vez que exponía lo maleable de la evolución. La capacidad del cerebro para asumir nuevas tareas con igual destreza o más, según el grado de consagración y empeño hacia la acción que deseamos realizar. Fueron muchos y diferentes los desafíos a los que me enfrenté. Y sin dudas, fueron aquellos que más deseaba los que me hicieron genial. Porque cuando algo es de nuestro interés nos convertimos en especialistas y un especialista es un genio. Con el tiempo, además entendí, que podía ser genial en cualquier área del conocimiento. Solo bastaba con reorientar mis objetivos, trazar una estrategia y jamás, jamás pre condicionar la acción a un " no puedo, no soy bueno, ésto no es lo mío, etc". Poco a poco fueron apareciendo nuevas habilidades, creció la curiosidad y lo que comenzó como un instinto se convierte en una necesidad. Amo muchas de mis virtudes, pero aquellas que me permiten crecer y superar imposibles las aprecio aún más.
El poder de la palabra, mi arma más virtuosa. Es un ejercicio del cuál no me canso. Aunque hoy un tanto obsoleto en mi decadente sociedad, es un privilegio hacer gala de tales dotes cuando encuentro alguien cansado del medio y la falsedad. Y como si hubiésemos planeado el encuentro, nos olvidamos de lo irrelevante y aterrizamos. No es casualidad que sea la política quien mueva los hilos de este mundo. Las palabras son flores o misiles, obeliscos o arenas movedizas. Creo que fue Sócrates quien afirmó "El hombre es un ser politicón". Pero, y siempre hay un pero, no es la palabra mi mayor virtud: mi mayor virtud es la observación. De este modo nació el cuervo en mi interior. El mendigo ya sabemos quién es, jjjj "El politicón".
Así nacen los diplomáticos. Un tanto de cuervo y un poco de mendigo. Son los cuervos una prueba de que no es el tamaño del cerebro lo que hace la diferencia. Los cuervos son astutos, inteligentes y además, rencorosos. No es por casualidad, son despiadadamente observadores. Mi cualidad preferida.
Fue escudriñando a un mendigo que me reconocí en su embauco. Descubriendo la astucia en el lenguaje y la comprensión que posee el poder del mismo sobre la culpa ajena. Es fantástico como algunas personas por mero instinto logran lucrar con el sentimiento de culpa ajena. Y es que la gran mayoría prefiere pagar por sus pecados. Más, ¿ Existe pecado en el trabajo, en el esfuerzo personal, en cultivar el intelecto, en la falta de vicios, en el crecimiento? Aquellos que poseen riqueza derivada de la falta de honestidad que paguen. Pero no regalando dinero, eso no nos exonera de culpa. Que paguen siendo honrados y ofreciendo oportunidades. Los demás, ofrezcan sus manos, su conocimiento y su guía.
Soy un tanto mendigo, más me facina la actitud del cuervo. Observa y aprende de la experiencia ajena. Como el mendigo manejo el lenguaje, acudo a los sentimientos y afinando milimétrica mente cada detalle, tomo el control alcanzando mis objetivos. Gracias al cuervo. El es mi maestro, mi aliado, el que nutre mis talentos y agudiza mis sentidos.