Hola querida comunidad, un placer estar de nuevo con ustedes. Siempre es un gusto compartir. Gracias a los amigos que siempre están dispuestos a ayudar. En especial a mi querida Mailin de Hive Cuba.
Hoy con otro de mis pensamientos, esos pensamientos que se hacen eco en la mente durante mucho tiempo, hasta que encuentras a una comunidad como la nuestra y tienes la oportunidad de expresar.
Un cuento popular probablemente anónimo. Narra la historia de un hombre que alardeaba de sus conocimientos retando a cuanto individuo conocía. Un día solicitó los servicios de un barquero para cruzar un caudaloso rio. Nadie sabe decir que río. El Nilo, El Eufrates, El Danubio, El Tíber, El Amazonas, Él Niágara, El Cauto o mi querido Cuyagüateje. Aburrido en su postura de evidente inutilidad, decide satisfacer su ego demostrando su superioridad al barquero.
- ¿Sabe usted mi querido barquero, algo de matemáticas?
- No. ( Respondió el barquero sin quitar la vista del rio)
- Pues a perdido usted el 30 % de su vida. ¿Sabe usted de física?
- No señor, no se nada de física.
- Ha perdido entonces el 20 % de su vida. ¿Sabe usted a caso, siquiera algo de química?
- Es claro mi señor, que como barquero no tengo tiempo para saber nada de química.
- Ya sabrá usted que ha perdido... ( El barquero algo contrariado interrumpe al pasajero ya que se aproxima una gran ola de esas que suelen ser habituales en los caudalosos ríos, y temeroso de un biraje eminente de la canoa le pregunta)
- ¿Sabe usted nadar?
- No!!!
- Entonces, me temo que ha perdido toda su vida.
Era muy joven cuando conocí la autosuficiencia. Esa autosuficiencia insuficiente que caracteriza a la gran mayoría de la humanidad. Era hábil con las palabras y rápido en aprender, pero no era inteligente. Aún así poseía estás dos habilidades que confunden las personas con rasgos de inteligencia. Debatía de cuanto tema se me presentara con una autoridad implacable. No tenía la mayoría de las veces la razón y a su vez, no tenía quien rebatiera mi opinión.
Años después descubrí que era un sofista. Una especie que podríamos pensar que se extinguió, pero nada más lejos de la realidad. Estamos rodeados de sofistas. Personas que como yo, pretenden opinar sin tener la mínima noción y aún así admitimos su opinión.
El tiempo fue testigo de mi vergüenza cuando aprendí de un modo cruel el lado oscuro de mi ignorancia. Oculto como un ermitaño en lo profundo de mis pensamientos, redescubrir el sentido de vivir. Desafortunadamente somos víctimas de la miseria humana. Confundimos conocimiento con sabiduría, inteligencia con aprender, necesidad con consumismo.
Somos la especie de las incoherencias. Alto desarrollo cerebral, capacidad de extracción, creatividad ilimitadas y al mismo tiempo, dependiente, autodestructiva, egoísta, intolerante al compañerismo y la solidaridad, despiadada, arrogante y mezquina. Cualidades exclusivas de nuestra especie, que me hacen dudar.
¿Fuimos creados, somos un milagro, es este el final de un largo proceso de evolución?
En fin, la mayor parte de nuestra existencia nos la pasamos imponiendo nuestros puntos de vista. Primero a los amigos, luego a la pareja, los hijos, los padres, los vecinos, al mundo conocido. Todo por una incapacidad compulsiva hacia la falta de conocimiento, respeto a la diversidad creativa, el diálogo y la filosofía (amor a la sabiduría). Rara vez admitimos nuestra responsabilidad en los errores, buscamos culpables en el camino y justificamos el fracaso como consecuencia del destino. Debemos ser un experimento muy bien protegido para haber prevalecido a pesar de la evidente falta de inteligencia que hoy consume a nuestra especie. La naturaleza es práctica y esta cualidad le hace sabia. Se rediseña cíclicamente programando la selección hacia seres mejor adaptados al entorno y las circunstancias. Probablemente estemos en el final de uno de estos ciclos. Eso justificaría tal grado de decadencia. Somos concientes de nuestras carencias, aún así, no lo admitimos. Preferimos callar y aparentar.
Si he aprendido algo en mi corta trayectoria en la difícil tarea de ser padre, es que nuestros descendientes no son solo copias genéticas modificadas con lo mejor de cada uno de nuestros prototipos X y Y. Son además copias fieles de nuestro comportamiento social.
Desafortunadamente está transferencia no es genética es sensorial. Es por eso que cada acción cuenta, para bien y para mal. La humanidad es el resultado de un proceso intersocial. Acumulamos experiencia en el entorno y la retransmitimos en la colectividad. Esto nos hace responsable de lo bueno y de lo malo. ¿ Son los jóvenes responsables de sus acciones? ¡ Si! ¿ Culpables? ¡ No!
Los culpables son sus predecesores. Sus acciones e influencias. Su carácter y su demencia. Y no solo hablo de sus predecesores genéticos, también me dirijo a los predecesores sociales.
Mis hijos pueden ser amorosos o arrogantes, suficientes o dependientes. Amables o soberbios. Solidarios y altruistas o abusadores. Agradecidos o autosuficientes insuficientes. Soy responsable del lado oscuro de la moneda y del brillo de las estrellas. El que a hierro mata a hierro muere. No esperemos de un grito una sonrisa, de una cachetada un beso 💋, de una limosna trabajo, del egoísmo solidaridad. La violencia genera violencia, miseria y miedo. El amor; paz, desarrollo, confianza, inteligencia, creatividad, armonía, libertad, independencia, humanidad... Hagamos que valga la pena ser humano. Evitemos "El reino de la mediocridad y la autosuficiencia insuficiente"
Gracias