Todos los seres humanos tenemos una época de nuestra vida en que tenemos pleno poder de nuestras acciones y estamos conectados con nuestra esencia divina. Es una época en que todo funciona a las mil maravillas, vemos todo perfecto y no sentimos que nos falta nada.
Es en serio, en esta época de nuestra vida estamos conectados a nuestra parte espiritual, tanto que lo vemos como algo normal. No es una hazaña o una proeza de voluntad férrea, no es el resultado de prácticas o años de estudio teológico o filosófico, sino simplemente es conexión con nosotros mismos, de forma natural.
En esta época de nuestra vida sentimos al mundo como es realmente, nadie nos engaña con facilidad, podemos ver las intenciones de las personas y nos alejamos o nos encariñamos con fácilmente. Podemos darnos cuenta de los verdaderos sentimientos de las personas aunque no los expresen, sabemos quien de verdad necesita de nuestro cariño verdadero y quien solo se acerca a aprovecharse de nosotros.
En esta época valoramos a las personas por quienes son, no vemos razas, no vemos culturas, no vemos ideologías o creencias, sólo vemos personas, seres semejantes a nosotros que tienen sueños, ilusiones y deseos al igual que nosotros.
En este momento de la vida es cuando sentimos nuestra verdadera conexión con el universo, que formamos parte de un conjunto de elementos vivos que conforman una compleja estructura interconectada. Que no somos dueños de este mundo azul, pero somos los protectores de todos los seres vivos que lo habitan, sin ser superiores a ellos.
Pasamos por este momento de nuestra vida tratando de descifrar porque hemos llegado a esta situación, porque las cosas parecen que se van a venir abajo de un momento a otro. En ese momento nos damos cuenta que las soluciones a los problemas del mundo son fáciles y sencillas, pero sus líderes se niegan a verlas o no quieren hacerlo.
Es el momento que más lucidez mental tenemos, que no nos sentimos contaminados por las vibraciones de un mundo en estrés, donde no nos interesa la economía, las clases sociales, la política y otros temas que nos parecen confusos. No le encontramos una explicación lógica a muchas cosas y cómo las personas han permitido que eso controle sus vidas.
Este periodo de lucidez dura tan poco, pues si continuamos dentro de este estado de iluminación no podremos adaptarnos a vivir en él y nos va a costar mucho ser parte de una sociedad llena de reglas. Lamentablemente a todos nos toca renunciar a esta etapa en que estamos en contacto con la gran conciencia creadora, no solo por nosotros, sino por las personas que amamos, que alguna vez tuvieron esa conexión naturalmente y tuvieron que renunciar a ellas para convertirse en adultos de una sociedad civilizada.
En ese periodo desde nuestro nacimiento, hasta los cinco años, más o menos, gozamos de esa conexión con la creación y tenemos plena consciencia de muchas cosas que de adultos olvidamos. Algunos como nosotros, tenemos la nostalgia de esa conexión y buscamos la manera de volver a entrar en contacto con esa fuente de infinito conocimiento, aunque ya estamos llenos de creencias y prejuicios que no nos permiten que esta sea pura y transparente como la de esa época.
Por eso dicen que solo los niños entraran al reino de los cielos, no el niño como tal, sino quien tenga la conciencia pura de un niño.