La idea de partida es el convencimiento de que cualquier intento de acrecentamiento de la conciencia, esto es, lograr ser cualitativamente mejor ser humano, debería iniciarse con el ejercicio de una psicoetnografía de la mismidad. No sin antes aclarar que no hay receta perfecta. Cada vida es una receta –ejecutada–. Esto es solo una opción –un tanto cientificista y extremadamente planificada– y supone amplias posibilidades de fracasar en su implementación. Aún así, interesante como ejercicio, como una práctica que tiene sus beneficios, también su nivel de exigencia. Conocerte a ti mismo, no implica comprenderte. Una psicoetnografía de la mismidad contribuirá con ambos procesos.
Comencemos por definir el concepto de etnografía. En el campo de las ciencias sociales, y en especial la antropología, se entiende por etnografía el primer momento de proceso de investigación cuyo objetivo es la recopilación de información en el terreno fundamentalmente a través de la observación participante, entrevistas y el registro de lo observado. Es el momento del trabajo de campo: observación, recogida de información, registro y organización de la misma. Posteriormente vendrán otros dos momentos: etnología y antropología, que son trabajo de escritorio donde se producen generalizaciones a partir de una racionalidad inductiva, en la mayoría de las investigaciones, aunque no en todas, hay otras formas de comprensión y producción de conocimientos alternativas al inductivismo. Es este el modelo reconocido dentro de la ciencia antropológica como la gradación del conocimiento antropológico, propuesto Claude Lévi-Strauss –antropólogo francés–, a mediados del siglo pasado: etnografía, etnología y antropología.
Entonces, ¿ que significa psicoetnografía? Cuando me refiero a la psicoetnografía quiero significar un proceso mediante el cual realizas un trabajo de campo, pero hacia adentro, es decir, tomarte a ti mismo como terreno, campo, objeto de observación, desde afuera, contemplativa. Es desarrollar habilidades y destrezas dirigidas fortalecer un “yo auto observante”, acrítico, sin juicios previos, pre-juicios , sean estos positivos o negativos. Solo observar y registrar. Las tesis del Cuarto Camino –Gurdjieff y Ouspenky– ya nos hablan de la necesidad de desarrollar un yo auto-observante.
Puedes visualizar la idea de una cámara cenital-frontal que te acompaña permanentemente y va grabando tu vida, pero debes previamente aprender a encenderla y mantenerla encendida en las circunstancias diversas, ya sea en un momento de tranquilidad, de sosiego, o de presión, tensión, incertidumbre, de profunda tristeza o desbordante alegría, etc. Evitando que te identifiques con yo alguno que no sea el yo auto observante, permitiendo que este realice su trabajo: observar detalladamente, mientras vives. Por supuesto que no es fácil, requiere entrenamiento, práctica, disposición y atención. Se trata de hacer que tu vida se convierta en un trabajo de campo hacia adentro, aunque la vida al final se impone, la auto-observación, te permitirá mejorarla, si así lo deseas y lo haces, porque puedes desearlo y nunca hacerlo. Obsérvate.
¿Qué voy a observar? Situaciones concretas, acontecimientos: pensamientos, emociones, intenciones, comportamientos en un contexto y una referencia determinada. En principio, estados emocionales, tus tonos afectivos, sentimientos, tus pensamientos, tus comportamientos, las intenciones que subyacen o los generan. Especial atención al contexto del acontecimiento. ¿Cómo te sientes y que te hace sentirte de esa manera? ¿De qué forma te comportas? En fin la dimensión mental –ideas, pensamientos, intencionalidad–, lo comportamental y lo emocional-afectivo. Ouspenky, por ejemplo, nos sugiere trabajar en la identificación de tus distintos yoés. También puede comenzar por la observación y percepción de tus propios procesos vitales, la respiración, tus ritmos cardíacos, el acto de comer, por ejemplo, así ir incrementando la calidad del trabajo de auto-observación.
La psicoetnografía es pues, el trabajo etnográfico sobre tu vida, minucioso, detallado, acucioso proceso de auto-observación –en tiempo real– del presente vivido. Diferenciando lo hecho de lo que está haciéndose. No es una reflexión sobre lo hecho, lo vivido, el pasado, es una observación y registro de lo que se está haciendo, el presente, sin juicios o prejuicios. Observa y registra. La reflexión, el análisis, las explicaciones y finalmente la comprensión –si se te es posible– vendrán luego. Muchas veces terminamos no comprendiendo el sentido que la vida tiene, para nosotros. La vida siempre se impone al trabajo de auto-observación. La situación fluctúa entre la auto-observación y la vivencia, pasamos de una a la otra, pero siempre debemos volver al yo auto-observante –la cámara– y registrar. El yo auto-observante no eres tú. No vas a dejar de ser lo que eres ante la presencia del yo auto-observante.
Gracias por leerme y por sus comentarios.