Con la esperanza hay una posible rara paradoja: se necesita suficiente de ella para que la vida sea vivible, pero demasiada de ella en causas perdidas hace que la vida sea una tortura.
Tomando el viejo mito griego, hay que recordar que en la caja de Pandora estaban toda clase de demonios, pero el que estaba encadenado al fondo (y no pudo escapar junto a los demás) fue el que hizo el pacto de cazar a los demás para ganar su libertad. El nombre de esa criatura que serviría a los humanos y traicionaría a su propia raza era Esperanza.
Sin esperanza, todos los eventos negativos del mundo nos parecerán barreras impasables, y la depresión es una cosa constante. Así que, por pura supervivencia y un mínimo de salud mental, necesitamos mantener la esperanza en que las cosas futuras siempre podemos hacerlas mejorar.
Lo paradójico viene de que si se tiene una esperanza vana en una mejora que es descabellada o imposible por definición, entonces es simple ceguera y locura, que nos empuja a un infierno autoinducido que solo llenará cada día de dolor. Es como el caso que recuerdo de una pareja con problemas de violencia; la víctima siempre mantuvo la esperanza ciega y loca de que su pareja iba a cambiar y que podrían ser felices... En fin, el desenlace de esa situación fue fatal y digno de una crónica roja policial en la sección de Sucesos de un periódico.
Toca entonces recordar que hay necesidad de una esperanza con los pies en tierra, que nos sirva de guía para trabajar y avanzar en pos de una meta, pero sin cegarnos a las cosas de la realidad que puedan contradecir aquello que tenemos esperanza de lograr. Si toca aceptar que la meta no es posible con lo que tenemos a mano o que simplemente estamos persiguiendo un espejismo, toca aprender a rendirse y dejar atrás toda inútil esperanza en esa meta, para buscar la propia supervivencia.
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RE: Nos Urge Hablar de la Esperanza: ¿Cómo la Cuidas y Alimentas? -Esta es La Iniciativa No. 24 en Domingo de Séptimo Día- (ES/EN)