Sé que en el pasado hablé (hace muchos posts) sobre el reto de formarnos hábitos y cómo estos nos ayudan en la vida; pero hoy quiero abordar el tema desde otra perspectiva. O sea, hoy quiero hacerlo desde el punto de vista de cambiar ciertos hábitos que ya sostenemos o mantenemos en nuestra conducta y que no nos benefician.
¿Alguna vez te has puesto a pensar en lo difícil que puede ser cambiar un hábito en la vida? ¿En especial uno negativo? ¿No? Pues es así; y de allí que existan muchos refranes o dichos que hacen referencia a tal cuestión, tales como "Loro viejo no aprende a hablar", "Líbrame Dios de un compuesto" o "Genio y figura hasta la sepultura", entre muchos otros.
Pero sobre lo que tenemos que centrarnos es sobre los beneficios que trae consigo mejorar o cambiar nuestros hábitos (cosa que sí es posible, a pesar de lo que dicen algunos refranes como los antes expuestos). Y es por esto que es precisamente de lo que quiero hablarles en este post de reflexiones de hoy.
La naturaleza de los hábitos
Otros dichos relevantes en tal sentido son "Árbol que nace torcido nunca su rama endereza", "Quien malas costumbres tiene, tarde o nunca se arrepiente" o "Más vale maña que fuerza"; y así como estos que acabo de mencionar, existen muchos otros. Ahora, el caso es que todos estos dichos hacen referencia a que es muy difícil cambiar de hábitos en la vida de una manera efectiva o sencilla. Y al hablar de cambiar de hábitos, hablamos de mejorarlos, hablamos de hacerlo de una manera positiva (claro está), para lograr un efecto positivo en nuestras vidas.
Pero aclaremos algo; al hablar de los hábitos nos referimos a costumbres o cosas que atañen desde nuestro propio carácter o conducta, hasta nuestra relación con otras personas. Esto es un dato muy interesante que hay que tener muy en cuenta, porque significa que no solo tiene que ver con lo que podemos hacer respecto a nuestra persona (en cuanto a nuestras actitudes para con las cosas y para con nosotros mismos) sino también en nuestras actitudes para con los demás.
Y además, los hábitos que tenemos pueden ser de dos naturalezas diferentes: Positivos o Negativos. Si tenemos un hábito de naturaleza positiva, y lo cambiamos deberá ser lógicamente para transformarlo en uno de naturaleza mejor o superior, y si lo tenemos de naturaleza negativa, debemos hacer el esfuerzo para cambiarlo a uno de tendencia o naturaleza positiva. Esto tiene razones que van más allá de las puramente éticas o morales; y atañen a la propia auto-preservación del ser; ya que los hábitos negativos conducen a las personas a conductas auto-destructivas que siempre conviene (lógicamente) evitar.
Es por ello que el enfoque que debemos tener debe ser (y lo recalco) el de mejorar nuestros hábitos en la vida. Ahora, nuestros hábitos de vida influyen en nuestra capacidad para enfrentar exitosamente las dificultades y obstáculos de la vida, y es indudable que es así, pero también influyen en la manera cómo interactuamos con otros. De lo contrario, no existiría el dicho "Dime con quien te juntas y te diré quién eres" o también "El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija". Estos dos refranes o dichos populares dejan en evidencia que los hábitos hasta en nuestra manera de relacionarnos con otros nos ponen en una buena o mala posición en las situaciones de la vida.
Pensémoslo; el primero se refiere a que quien tiene el mal hábito de juntarse con personas de mal comportamiento o reputación, generalmente se deja contaminar o influir negativamente por aquellos con quienes se junta; y si lo analizamos; aún en los casos en que no fuere así, será esa la forma como la mayoría de la gente lo apreciará o juzgará.
El segundo refrán (o sea, el de que "El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija") se puede entender como precisamente lo contrario del anterior; que quien se junta con personas buenas, virtuosas, de buen comportamiento y de buna reputación, le irá bien, porque estará bien respaldado y porque hará que también sea mejor; y también (al igual que en el caso del otro refrán) aún si no fuese el caso, será la forma como generalmente será percibido por las demás personas.
Ahora, estos refranes que he mencionado hoy (como todos los refranes o dichos) reflejan la sabiduría popular que existe desde hace siglos o milenios; que si bien pueden ser considerados generalizaciones, nos dejan enseñanzas muy básicas y ciertas sobre los hábitos en general.
El costo y dificultad de cambiar nuestros hábitos
Pero vayamos mejor a la parte de los hábitos que corresponden a nuestro carácter o a nuestra vida cotidiana. Y nos daremos cuenta de que resulta que a veces nos encontramos atrapados en rutinas que, aunque no son las mejores, se sienten cómodas y no nos disponemos a cambiarlas aún cuando sepamos muy en el fondo que debemos hacerlo. Son esos hábitos que son de naturaleza negativa (a veces de manera tan sutil) que nos pasan por desapercibidos.
Muchos piensan que es imposible cambiar de habitos (tal como sugieren muchos de los refranes populares que mencionamos anteriormente), pero nada más alejado de la realidad, ya que cualquier persona con disposición y fuerza de voluntad puede lograrlo si se lo propone.
Ahora, en honor a la verdad, mejorar nuestros hábitos de vida en cualquier contexto puede ser difícil, pero el punto clave es que lograrlo no es imposible, y más aún sabiendo que es algo necesario, por lo que debemos obligarnos a nosotros mismos a hacerlo; y con ello también nos daremos cuenta de que es un viaje emocionante hacia una versión mejor de nosotros mismos. Pero cambiar tiene indudablemente un costo, así que hablemos de un poco de ello.
Antes que nada, hablemos del precio real que esto acarrea, que son nuestro tiempo y energía. Ya que cambiar un hábito implica esfuerzo y voluntad y no es algo para lo que siempre estemos dispuestos o que siempre esté disponible. Pero generalmente la limitación es de tipo psicológico, a nivel de la predisposición que tenemos ante el asunto; y esto es porque implica cambiar algo en nosotros que no estamos dispuestos a cambiar o a lo que estamos muy acostumbrados. Pongamoslo así, imagina que quieres dejar de comer comida rápida y optar por alternativas (comidas) más saludables.
Ahora, al principio, puede que te lleve mucho más tiempo la acción de preparar tus propios alimentos, realizar la compra, e incluso investigar recetas. Ya que todo eso se traduce en horas que antes solías usar en otras cosas (quizás antes usabas ese tiempo para ver alguna serie que te gusta en Netflix o para chatear con amigos en Whatsapp). Pero aquí viene la noticia más impactante en todo esto: Resulta que el tiempo invertido en construir hábitos saludables es nada menos que una inversión a largo plazo. ¿Qué puede ser complicado? Sí, efectivamente, lo es, pero a la larga, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.
Porque cambiar de hábitos también implica saber discernir y priorizar lo realmente importante nuestra vida. Porque sí, distraernos (viendo Netflix, chateando o haciendo otras actividades) es nuestro derecho y también es saludable y recomendable entretenernos en la vida; pero ello no es más importante que la alimentación.
Por supuesto que el entretenimiento tiene también su lugar e importancia, pero de lo que hablo es de saber priorizar las cosas por orden de interés y de valor. La comida saludable y el entretenimiento saludable son ambos necesarios y deseables, así que la mejor opción es saber gestionar nuestro tiempo para prestar primero la debida atención a la alimentación y después a nuestro entretenimiento y otras actividades.
Lo mismo pasa con el hábito de hacer ejercicio o de asistir a un gimnasio, y con cualquier otra cosa que implique sacarnos de nuestra zona de comfort en la vida. Porque por supuesto que es más cómodo no hacer ejercicio, no leer, no esforzarnos, no hacer nada productivo, pero el costo de ello es superior (a la larga) que cualquier costo que pueda acarrearnos hacer precisamente lo contrario. Esto significa que si somos capaces de ver más allá de la comodidad del momento presente, en pos de nuestras metas u objetivos futuros, entonces todo el proceso de cambiar para mejor nuestros hábitos de vida será más fácil, y ello nos orientará hacia el éxito, salud y estilo de vida que deseamos.
La tentación de la recaída
Pero otro costo que enfrentamos también al intentar cambiar nuestros hábitos en la vida es la tentación de recaer en algún momento a los viejos hábitos o costumbres de los que intentábamos salir, o sea, de volver al círculo vicioso que intentábamos superar. Esto es más o menos como esa persona tóxica que fingiendo ser tu amiga, siempre vuelve a tu vida a importunarte aunque la consideres deleznable e indeseable.
Por poner un caso específico: Si has decidido dejar de fumar, te puedes topar con situaciones donde todos a tu alrededor están fumando (como para ponerte las cosas más difíciles) y esto te tiente a recaer. Porque la presión social es un factor que no se puede negar, porque existe y puede ser abrumadora, por lo que muchas veces, es más sencillo rendirse a la tentación que ser fuerte y mantener el rumbo. ¿Qué es algo a lo que deberíamos resistirnos? Sí, pero a veces es más fácil de decir que de hacer.
Por ello precisamente uno de los refranes de los que hablábamos al principio del post calza "como anillo al dedo" aquí; me refiero al dicho "Dime con quién te juntas y te diré quien eres". Pero también hay otro dicho que dice "Una sola manzana (o tomate) podrida, daña todo el guacal".
Es por eso que debemos recordar siempre que para romper con viejos patrones de conducta y hábitos nocivos de comportamiento debemos también rodearnos de personas que nos apoyen y nos motiven y que sean un ejemplo de aquello que precisamente queremos ser. Así que sí, vale la pena (y es necesario) buscar en estos casos un nuevo círculo de amistades que respete y apoye nuestras decisiones; y que no nos induzcan o lleven a recaer en aquello que precisamente intentamos evitar.
Algunos dirán que hay que tener fuerza voluntad, te encuentres en el círculo o ámbito social en el que te encuentres, y en cierta forma tienen razón (especialmente en aquellos casos en los que no puedes hacer nada inmediato por cambiar o remediar el grupo de personas con las que te relacionas, sea por asuntos de trabajo o de cualquier otra índole), pero también es cierto que siempre que sea posible, lo ideal es intentar allanar el camino para que a nuestra fuerza de voluntad no le sea tan difícil afrontar el cambio de hábitos que intentamos lograr.
El aspecto emocional de cambiar de hábitos
Pero no olvidemos el aspecto emocional en todo esto; porque modificar nuestros hábitos puede sacar a relucir en nosotros una mezcla de emociones que van desde la ansiedad, y la frustración, hasta el estrés. En ocasiones puede parecer que estamos luchando contra nosotros mismos y es precisamente eso de lo que se trata en el fondo; porque al intentar cambiar costumbres o hábitos que sabemos que no nos llevan a resultados satisfactorios ni a nada bueno (pero que están tan profundamente arraigados en nosotros); nuestras emociones más bajas pueden salir a relucir.
Pero aquí entra en juego algo crucial: la autocompasión; que no significa hundirnos en el dolor que sentimos ni en la auto-condescendencia de justificarlo todo con excusas baratas cuando sentimos que fallamos en nuestra meta (como muchos pueden llegar pensar), no, sino que más bien se trata de que tengamos comprensión hacia nosotros mismo y hacia nuestra voluntad en lo que estamos tratando de lograr, y de que nos enfoquemos en la acción. Lo que significa que si te caes, ¡levántate! Y no te sientas mal o culpable si un día decides darle un mordisco a esa pizza que juraste evitar. A veces, se cae en la tentación por más que intentemos mejorar.
Porque somos humanos, por lo que cada paso cuenta, y la intención es lo importante aquí; pero los tropiezos son parte del camino ya que la perfección absoluta no existe en el ser humano. Y cambiar hábitos arraigados en nuestro ser requiere de trabajo constante, fuerte y decidido, por lo que en ocasiones (según la circunstancias) podemos llegar a recaer y no debemos fustigarnos en exceso por ello, porque es improductivo.
Más bien deberíamos analizar qué impulso interno, qué necesidad real, nos lleva a recaer a veces, a fin de que podamos neutralizarle en algún momento futuro. O sea, es más productivo usar las recaídas como un recurso para intentar crecer y mejorar en ese sentido, que emplearlo para hundirnos el ánimo.
Todo esto importante ya que a medida que nos vayamos haciendo más fuertes mentalmente (por disciplina y fuerza de voluntad) los hábitos se irán haciendo más fáciles de adoptar por nosotros, y menos pesada será la carga.
Los beneficios de cambiar de hábitos
Finalmente, hablemos de los beneficios que llegan cuando logramos realizar el cambio de hábitos que buscamos. Ya que aunque al principio puede parecer complicado, a largo plazo (en el futuro) el costo se transforma en ganancia (como ya lo dije anteriormente). Porque imagínate sentirte más enérgico, pensar mejor, dormir mejor, y tener una mente más lúcida a raíz de cambios concretos que realizas en tus hábitos de vida. Vale la pena, ¿No?
¿Quién podría decir que un simple cambio (o algunos cambios) podría llevarte a lograr más de lo que alguna vez imaginaste, como correr esa maratón que siempre has deseado o simplemente sentirte más feliz en tu día a día? Es el beneficio de cambiar de hábitos; lo que no es más que realizar ajustes en nuestra vida para mejorar sistemáticamente aquello que necesitamos mejorar.
Así que eso es lo que logra el que podamos cambiar de hábitos de forma positiva. Y hay que hacer el énfasis en que tiene que ser de forma positiva, ya que lógicamente, si cambiamos de hábitos buenos y pasamos a unos malos (o si pasamos de unos hábitos malos a otros peores), no podemos esperar nada bueno de esa acción.
Para finalizar por ahora, cambiar de hábitos puede costarnos (y nos costará) tiempo, energía y, a veces, enfrentarnos a nosotros mismos y a las expectativas sociales. Pero todo ese esfuerzo vale la pena cuando ves cómo tu vida entera mejora. Así que, si estás pensando en hacer un cambio, adelante: ¡el camino puede ser duro, pero la recompensa es increíble!
¡Ánimo, que tú puedes hacerlo! Porque evidentemente que cambiar nuestros hábitos de vida de manera positiva siempre nos costará esfuerzo, tiempo, disciplina, voluntad y dedicación, pero las consecuencias derivadas de ello lo valen, y las apreciaremos en el futuro. Ya que el punto clave en esto es siempre intentar ser la mejor versión de nosotros mismos que podamos ser, porque nuestra felicidad se verá potenciada por dicha actitud.
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