Cuando empiezo a filosofar profundamente sobre la sociedad y la humanidad en general, me doy cuenta de que todos inevitablemente estamos rodeados y llenos de estigmas de todos los tamaños, tipo y colores. Sencillamente, todos tenemos nuestras mentes llenas de definiciones (que pueden ser acertadas o no) sobre toda clase de cosas, personas y asuntos en nuestras vidas.
El proceso de la tipificación del todo
La conceptualización de las cosas (situaciones, personas y del todo), nos ayuda a conocerles mejor y a relacionarnos de mejor manera con ellas, por lo que si lo pensamos bien, ello entonces es algo normal para el ser humano (y hay que saber que así ha sido para la humanidad desde sus albores). Y dado que la conceptualización nos ayuda a contextualizar lo que nos sucede y lo que le sucede a los demás (además de lo que hacemos y lo que hacen los demás), entonces podríamos afirmar que es un ejercicio de tipificación tan útil como necesario que nos ayuda a familiarizarnos con todo lo que nos rodea al conocer sus propiedades más básicas.
Pensémoslo, cuando tratamos de comprender algo nuestras mentes tratan de llegar al entendimiento de lo que es esencial respecto a ello. Sea un objeto, una situación, una persona, animal, o lo que sea que podamos imaginar, lo importante es que siempre tratamos (de manera natural e instintiva), de entender qué es y qué pasa con ese algo en su plano más esencial. Esa es simplemente la manera cómo funcionan nuestras mentes y cómo nos movemos en el mundo como seres racionales.
Entonces, tan complicado como suena el asunto es muy simple; la tipificación de las cosas hace alusión a ese proceso (y a nuestra capacidad) de definir y entender el todo de la mejor manera que nos es posible y ello ha sido la base para nuestra supervivencia como especie. ¿Pero a qué nos suena esto exactamente? Exacto, tiene mucho que ver con nuestro raciocinio, con la lógica, con el sentido común, pero además, con la filosofía.
Porque ver algo y definirlo, entendiendo sus propiedades, nos permite discernirlo o distinguirlo respecto a otras cosas (tanto iguales como diferentes), lo que además nos permite catalogarlo y dimensionarlo en la justa medida en que puede resultarnos práctico o no su uso, entendimiento y manejo. Lo que además, nos puede permitir evitar o diminuir los riesgos o peligros de situaciones, cosas y acciones.
Y dado que las razones que podemos tener respecto a algo pueden ser parcialmente o totalmente objetivas o subjetivas, hay que tener mucho cuidado cuando tratamos de formular conclusiones o posturas en torno a lo percibimos y analizamos. Pero bien o mal, la base de nuestras posturas es un asunto interesante, necesario y totalmente natural en todos los seres humanos. Y generalmente nuestros sentidos e intuición (en un proceso que involucra miles de años de evolución como especie) nos guían hacia lo que es más conveniente o mejor en torno a lo que analizamos.
Pero cuando resulta que nos equivocamos (porque no es un proceso infalible), entonces aprendemos de ello, lo cual es más que evidente. Porque claro, el caso es que la tipificación en tiempos modernos es un poco más complejo de lo que en un primer vistazo parece, ya que cuando catalogamos algo ello, automáticamente pone a ese algo en una especie de clasificación, tabla o medida, que le hace distintiva, y la identifica (ante nosotros y quizás ante otros) por lo que lo lógico es que al asumirla, lo hagamos porque tenemos una visión o idea global de lo que ese algo supone (o al menos debería ser así); ya que si eso no sucede, entonces se llega a un problema llamado prejuicio.
El prejuicio generalmente surge de estimar las cosas basándonos en nuestro cerebro primitivo, en lugar de hacer uso de la parte más racional y analítica de nuestro cerebro.
El problema con la tipificación excesiva
Ahora, lo que debe quedar claro es que una cosa es la tipificación natural de las cosas (por parte del ser humano), y otra cosa es la tipificación excesiva de todo y sin atender a razones. Para ponerlo en contexto, entendamos que al estigmatizar todo lo que vemos como bueno o malo, conveniente o inconveniente, podemos cometer errores si no tenemos cuidado.
Pero ¿Significa eso que debemos olvidarnos del discernimiento en la vida y aceptarlo todo sin filtros? Yo opino que no y que tal ejercicio sería algo tan peligroso como disfuncional. Ahora, debemos hacer una distinción muy importante aquí, ya que resulta que esa acción (tan común en el ser humano) de tipificarlo todo, es algo natural como ya dijimos, pero lo que no resulta tan normal es que lo hagamos de forma desmedida e irreflexiva.
La tipificación de las cosas tiene que ver con una de dos cosas: Por un lado, si atiende a la lógica o la razón, entonces tiene la facultad de ser positiva, y entonces nos resulta efectiva para comprender y manejar la realidad. Pero por el otro lado, si no atiende a la razón (o si las razones exploradas y a las que se apela son incorrectas), entonces corremos el riesgo de caer en los estereotipos y contradicciones; que no son otra cosa más que prejuicios o estigmas basados en razones inciertas, incorrectas o inapropiadas; y que nos llevarán a conclusiones apresuradas que a su vez nos conducirán a decisiones incorrectas en el más puro y objetivo sentido de la expresión.
Porque el problema de los estereotipos (más allá de los inconvenientes que supone para terceras partes), es que nos llevan a tomar decisiones incorrectas, basándonos en argumentos que no son sólidos ni fiables. Y en el terreno de la moral, pueden conducir a injusticias por falta de empatía y "buen juicio". Pero si nos ponemos demasiado condescendientes, entonces conducen a una conducta poco efectiva y nada acertada. Lo que nos lleva a ver que debe haber una especie de punto medio en esto esto.
Porque sí, esto de los estereotipos o estigmas abarca desde cosas referentes a la moral (como el discernimiento de lo que está bien o mal), hasta cosas más prácticas y cotidianas como el discernimiento de lo que nos puede o no ayudar a conseguir nuestras metas en la vida. Y claro, también tiene que ver con lo legal o aceptable en términos de comportamiento y buenas costumbres respecto a la convivencia en sociedad con nuestros semejantes.
Las falacias, la mente abierta y las soluciones
Como sea que lo pienso este tema resulta tan vigente como interesante, y lo que más me llama la atención respecto al mismo es que es subestimado, y aún más, que para hacer un uso apropidado de nuestra capacidad de discernimiento, la palabra básica que me viene a la mente (y nos debe venir a la mente de todos) es la prudencia. Porque solo haciendo uso de la prudencia, podremos ser reflexivos y tener la mente abierta para no dejarnos cegar por prejuicios.
Un estigma basado en razones sólidas es lo que llamamos reputación, o la historia factual y objetiva algo, pero si no tiene basamento sólido, entonces entra en el terreno de la especulación, la ficción y los rumores. Ambas posturas nos llevan a decisiones, pero unas serán correctas y otras incorrectas.
Es por ello que ante situaciones y problemas debemos tener la mente abierta y no dejarnos guiar por falacias, para así dar con las soluciones o los mejores caminos que nos puedan llevar a aquellos resultados que sean más convenientes o positivos para nosotros y para los demás. Todo se trata entonces de que tengamos nuestra mente abierta, para así poder tener un discernimiento certero de las cosas que nos permita distinguir y desechar las falacias y estereotipos y encontrar al mismo tiempo las soluciones reales a los problemas.
Así que sí vale lo de tipificarlo todo (y de una manera u otra es algo que siempre haremos en la vida), pero debemos prestar atención a cómo lo hacemos, para que ello siempre nos traiga los mejores resultados a nosotros y a los demás. Porque de lo contrario corremos el riesgo de estigmatizar incorrectamente el todo, lo que hará que nuestro entendimiento sea entonces la percepción alterada y adulterada de hechos, cosas, personas o situaciones y ello es lo que hay que evitar a toda costa.
¿Qué opinas sobre el tema tratado? Por favor comenta.