Es un tema profundamente complejo hablar de la percepción humana, porque más allá de que la estemos abordando desde un punto de vista meramente filosófico, o incluso, intentando hacerlo desde una posición más objetiva; la cosa es que la subjetividad siempre estará presente en todo momento.
La percepción, la mente humana y los sentidos
Si algo han demostrado siglos de historia (y la propia ciencia) es que la mente humana es menos lógica de lo que podríamos pensar. Incluso en estos tiempos en que parece normal suponer que la mente humana pueda ser más racional y objetiva que en tiempos antiguos; resulta que siempre nos encontramos con la realidad de que en cuanto a todo lo que al ser humano concierne, la subjetividad es algo casi intrínseco e inevitable.
Hace milenios el filósofo de la Antigua Grecia, Aristóteles, pensaba que el ser humano podía ser objetivamente racional en todo lo que percibía, pero los siglos, la ciencia y la experiencia enseñaron a los grandes pensadores posteriores que tal creencia era defectuosa e incorrecta. Porque resulta que el ser humano tiene dos grandes limitaciones en cuanto a la manera como percibe las cosas que le suceden tanto a sí mismo como a los demás.
Ya que las percepciones básicas del ser humano dependen de los cinco sentidos que posee (vista, oídos, olfato, tacto y gusto); y tales sentidos no son para nada perfectos ni infalibles; sino que tienen sus profundas limitaciones inherentes. Por un lado, los ojos pueden ser engañados, y los oídos pueden oír mal, y pasan cosas similares con el resto de los sentidos. De manera que los datos o información que nos proporcionan nuestros sentidos existe, sí, por supuesto que existe, pero hasta cierto nivel.
La lógica aristotélica y el engaño de los sentidos
Aristóteles pensaba que si veíamos salir el sol por el Este y ocultarse por el Oeste, esto debíamos creerlo a "pies juntillas". Y si bien la lógica aristotélica representó un gran avance en su tiempo y fue referencia para la humanidad durante muchos siglos posteriores a su formulación, resulta que al fin y al cabo, no fue en lo absoluto la más idónea, correcta o totalmente confiable.
Aunque es necesario decir aquí que si algo debemos agradecerle a Aristóteles (que fue discípulo de Platón quien a su vez lo fue de Sócrates) es que nos enseñó (a la humanidad) a examinar la realidad en formas y maneras que hasta entonces eran profundamente desconocidas.
Y justificando los fallos en su filosofía hay que agregar que es comprensible que, aunque era un filósofo genial, Aristóteles no pudiera saber en tiempos tan atrasados como en los que vivió, que no era el sol el que salía y se ponía por ningún lado, sino que era la Tierra la que rotaba alrededor del sol. Pero tras muchos razonamientos, observaciones y pensadores geniales, la humanidad lo descubrió de cualquier forma muchos siglos después.
Ahora, lo que sí es innegable es que Aristóteles (y sus discípulos) crearon una lógica basada en la observación profunda de los eventos y la derivación de conclusiones razonables en base a lo observado. Esto fue un gran logro considerando que la humanidad (salvo los grandes filósofos que le precedieron y sucedieron), estuvo inmersa antes, durante y después en creencias muy supersticiosas de la realidad que no atendían a razones.
Pero con la lógica aristotélica, a partir de entonces las cosas tenían una razón y debía ser entendida para partir de ella y mantener una posición determinada. Entonces, todo razonamiento, por correcto o incorrecto que pudiese posteriormente descubrirse que fuera, tenía que tener una justificación basada en una lógica o una causa. Esta fue una de las bases (y una revolución) de la filosofía como tal en todas sus formas; y el mundo nunca volvió a ser el mismo.
Pero fuera de eso, lo que Aristóteles no podía saber y ahora lo sabemos, es que nuestros sentidos nos engañan. Y no solo eso; hay también limitaciones en cuanto a todo lo que percibimos en general por medio de nuestros sentidos. Por ejemplo, percibimos lo que vemos (los colores, las objetos, las personas y el todo) en función de la luz, y de muchos factores más. Pero no vemos todo lo que está ante nosotros, porque nuestra vista tiene un nivel de alcance y lo que está por encima o por debajo de tal nivel, nos es invisible. Por lo que no vemos el todo, sino en el mejor de los casos, una fracción o parte muy mínima del todo.
Y la prueba es que si por ejemplo; si tengo una manzana en la mano, puedo verla como un fruto de color rojo, puedo olerla y saborearla, pero no puedo percibir las moléculas que la conforman (a no ser que tenga un microscopio potente); como tampoco puedo percibir las bacterias o microorganismos que pueda tener la manzana en cuestión si es que no la hemos lavado, a menos que usemos igualmente un microscopio. Entonces, vemos la manzana según unos límites y parámetros de nuestra visión.
Y algo similar (aunque en grado opuesto) pasa con el cielo, si lo miramos en el día veremos el azul, las nubes y el Sol. Y de noche veremos la Luna y las estrellas, pero en ambos casos, no veremos muy detalladamente todas esto (ni lo que está más allá de ello), a no ser que usemos un telescopio.
Además, se suman las limitaciones emocionales
Por si todo lo que he dicho no fuese suficiente; a lo limitado de nuestros sentidos se suman nuestras limitaciones emocionales. Porque nuestros razonamientos se basan en nuestras percepciones más básicas, pero además, en cómo procesamos las mismas en función de cómo nos hacen sentir, en lo que podríamos llamar una segunda capa de interpretación.
Por lo tanto, las personas podemos interpretar en un primer momento lo que nos pasa en función de lo que la situación representa en términos básicos, pero inmediatamente pasa por nuestro filtro emocional (que no es más que el cómo nos hace sentir lo que sea que nos acontece o le acontece a los demás); y entonces en función de ello nuestra mente elabora su propia narrativa o interpretación de la realidad específica.
Entonces puedo ver, por mencionar un caso, que está lloviendo a cántaros allá afuera, pero mi filtro emocional es el que me hace sentir esa lluvia en un nivel más personal. Por lo tanto, mi interpretación de lo que está sucediendo va en función de dos constantes que a su vez son variables en función de mi percepción: Lo que pasa en un sentido elemental y lo que nos hace sentir.
De la misma manera, una persona puede ver lo que otra persona está haciendo en un sentido básico, pero la interpretación dependerá del filtro emocional que apliquemos a la interpretación de lo que sucede. Pongamos el caso de que un vecino nuestro pone música a alto volumen en su casa. Podríamos interpretarlo como lo que es, que le gusta disfrutar de la música a alto volumen, y ya está; y que no es consciente de lo que ello puede molestar a sus vecinos.
O en su lugar podríamos interpretarlo de manera muy personal (siendo muy emocionales) y creer que lo hace solo por molestarnos; sin molestarnos en averiguar si ello es así realmente y sin tomar en cuenta ninguna otra consideración.
Entonces, asumir una posición o la otra dependerá de qué tan reflexivos seamos; y de cómo sepamos manejar la situación, basándonos en el conocimiento irrefutable de lo limitado que son nuestros sentidos. Además, también dependerá del enfoque positivo o negativo que tengamos a nivel general ante cada cosa que nos pasa en la vida.
Lo que conviene ante las limitaciones de la mente humana
Soy de la convicción de que lo que nos conviene a los seres humanos siendo conscientes de las limitaciones de nuestros sentidos y de nuestra mente, es ser reflexivos, pacientes, positivos y procurar siempre mantener la humildad en todo momento.
Conviene que todos entendamos que el mundo es mucho más que nuestra manera personal de ver el todo e interpretarlo. Debemos entender que los eventos de la vida envuelven (según su naturaleza intrínseca y factores inherentes), circunstancias y cosas que pueden o no estar en nuestro control y de las que podemos o no podemos ser conscientes en momentos específicos.
Sin embargo, también soy de los que pone especial énfasis en la actitud positiva ante la vida, porque dado que no podemos confiar en modo alguno en nuestros filtros emocionales, ni en nuestros sentidos, ni en nuestra capacidad para ver la realidad de manera objetiva, entonces pienso que es mejor mantener un punto de vista entusiasta u optimista ante lo que nos pueda acontecer.
Y esto sin importar si luego la realidad nos demuestra que nuestro optimismo no tenía fundamento real y que estábamos equivocados. Pero lo creo así, ya que es distinta la forma cómo asumimos todo cuanto nos acontece, cuando somos positivos que cuando somos negativos, y esa es la realidad.
Con todo lo dicho y siendo reflexivos y pacientes, la sabiduría (perla dorada), vendrá a nosotros más allá de las limitaciones de nuestros sentidos y de nuestra mente.
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