Hace mucho tiempo que no me encamino hacia la oscuridad en una noche donde el clima ahuyenta hasta los murciélagos, pues la noche siente hastío ya por sí misma, por ser tan oscura.
Hay murmullos sin contener gargantas existentes, solo es un sutil murmullo que pereciera venir, donde ya nadie camina por sí mismo.
No existen sombras porque la luna es muy débil, intentando crecer como un fino hilo de plata curvándose en la extensa noche y las pocas estrellas no logran disipar nubarrones colmados de una frialdad, tan en sí mismo al igualarse con la misma muerte.
No hay felinos gestando relaciones, porque no hay hembras, que en celo imitan el llanto del mismísimo diablo o pareciéndose el llanto de un niño sin alma.
Esas noches donde los propios pasos te confunden en el eco producido de tanta soledad y el darte vuelta te produce ese rubor incierto en toda la piel.
Caminar mirando la oscura silueta de un sendero sin final y solo guiándome por el sonido de mi propia respiración, es otra situación por lo cual todos deberíamos abordar alguna vez en nuestras vidas.
Caminar sin rumbo y solo con el apremio de un sentir único, que es decidirnos a enfrentar lo que desconocemos.
Las sombras de una noche más que oscura, el camino se va como achicando y se siente el aroma del frio, ingresando por mis fosas nasales, devolviendo pequeñas bocanadas de vapor, al exhalar lo que me queda de aire tibio en mi Ser.
No es que busco sentir lo que siente la mismísima muerte, al caminar por donde los humanos poco se atreven, ese límite entre el paso en falso y un adiós, que podría dar sin decir adiós que se tornara eterno.
El tiempo se parece inerte, porque no hay vestigios del paso de sí mismo, pues no hay sombras que delate el curso del sol, iluminando las diferentes caras de esa insípida silueta que hoy llamo luna creciente en su primer y minúscula fase.
Mi destino es una gran montaña de granito, que pareciera rendirse a los pies de las olas de un mar con blancas arenas, sin existencia humana, pues es un lugar solitario donde hoy podría desaparecer abrazado a una corriente marina, pero en mí no hay motivos aun para un adiós, solo hay necesidad de ver lo que no se logra ver, contrariando todo lo que se dice ver en la luz.
Oscuridad ocurrente que haces de mi pies magullones por tropiezos, por doquier y me das latidos de un corazón acelerado.
Aun en la paz de tu solitaria existencia, sé que el camino de retorno a mi lugar, será un motivo consecuente para filosofar y hablando con mi mismo, pasare de filosofo a un anejado ermitaño, que habla en voz alta con su propia insolencia…
Hace mucho tiempo que no me atrevía a dar ese recorrido, pues el vehículo de mi alma astral, me ha llevado al encierro de mis anhelos y emociones.
Hoy tal vez la noche se presente así de oscura y si me ven andar a tientas, no preocupen su existencia por mi accionar, es una batalla que debo enfrentar, las de ser un hombre encerrado en mis propias analogías como escritor…
Hace mucho tiempo viajé al pasado y otras veces al futuro, pero nada se iguala con ese viaje a mi interior donde no existe otra luz que mi exigente mirada solo logra ver…