Todos hemos escuchado aquello de que "hay que salir de la zona de confort sí o sí". Pero, ¿en serio la cosa es tan categórica? Vamos por partes, porque el tema tiene sus matices.
Todo comenzó en el siglo XX, cuando dos psicólogos perspicaces, Robert Yerkes y John Dodson, investigaron sobre el estrés y sus efectos y descubrieron algo bien interesante: un poco de estrés nos aviva y nos ayuda a dar el extra, pero si la cosa se nos va de las manos, ¡adiós al rendimiento! De ahí salió la famosa Ley de Yerkes-Dodson, que con el tiempo terminaron relacionando con esta idea de la zona de confort.
Más tarde, otro investigador con ojo clínico, Walter Cannon, nos hizo ver que nuestro organismo siempre anda buscando ese punto de equilibrio: nos gusta sentirnos seguros y tranquilos, eso es innegable, pero también necesitamos esos pequeños empujones, esos desafíos que nos hacen crecer. Y ahí es donde se enreda la madeja: ¿tenemos que salir corriendo despavoridos de nuestra zona de confort o más bien nos conviene poner manos a la obra para hacerla más grande?
El problema de la dichosa moda del "sal de tu zona de confort" es que hoy en día, esa frase se repite hasta la saciedad, como si fuera un mantra. La sueltan como si nuestra zona de confort fuera una especie de prisión de barrotes invisibles, pero la verdad es que el asunto tiene más ángulos de lo que parece a simple vista.
Lo verdaderamente importante no es salir por salir, sin ton ni son, sino ponerle empeño a que nuestra zona de confort crezca y se expanda.
Imagínate la situación: si te da un pánico terrible hablar en público, pero poco a poco te vas animando a practicar, a exponerte gradualmente, llega un punto en que esa situación se convierte en algo normal, algo que ya no te genera esa angustia inicial. Eso, señoras y señores, es expandir la zona de confort, no huir despavorido de ella.
Y lo mismo aplica para cualquier cosa que se te ocurra: aprender un idioma nuevo, lanzarte a la aventura de emprender un negocio, mejorar tus habilidades en ese deporte que tanto te apasiona… No se trata de buscar el sufrimiento gratuito, sino de ir ampliando tus propios límites con un propósito claro en mente.
No es cambiar por cambiar, como quien colecciona sellos sin ton ni son, sino de buscar aquellos desafíos que realmente tienen un significado para nosotros, que nos mueven por dentro. Pongo algunos ejemplos concretos:
-Si en tu cabeza ronda la idea de emprender, no te lances al vacío sin paracaídas. Lo más sensato es formarte primero, probar el terreno con pequeños proyectos y luego ir creciendo poco a poco. De esta manera, aquello que parecía una quimera inalcanzable se va volviendo tangible.
-Si te has propuesto correr un maratón, nadie aspire a que empieces corriendo 42 kilómetros el primer día. Lo lógico es empezar con distancias más cortas e ir aumentando el kilometraje de forma progresiva.
El verdadero quid de la cuestión no está en abandonar la comodidad como si sonaran las alertas de tsunami, sino en construir una versión mucho más amplia y robusta de esa comodidad.
Cada pequeño logro que alcanzamos, cada nuevo aprendizaje que incorporamos y cada paso firme que damos hacia nuestras metas van expandiendo ese espacio donde nos sentimos seguros y capaces…
Y tú, ¿qué estás haciendo en este preciso instante para agrandar tu propia zona de confort?
🔴 Este Post es de mi Autoría. No ha sido escrito con ayuda de Inteligencia artificial.
🔴 Las imágenes que utilicé fueron creadas en Canva