Cuando me preguntan cuál es mi color favorito de Navidad, no tengo que pensarlo mucho: el blanco. Sí, lo sé, suena curioso viniendo de alguien cuyo arbolito parece una fiesta de luces con adornitos de todos los colores. Pero el corazón no siempre sigue la lógica decorativa, ¿verdad?
Y es que, el color blanco, para mí, es más que un color. Es una sensación. Es el suspiro que suelto cuando por fin me siento con una taza de café, mientras Gabo, mi chamo, me pregunta por quinta vez si ya puede abrir los regalos (aunque estemos a 20 de diciembre). Es la calma en medio del caos decembrino, la esperanza envuelta en silencio, la promesa de que todo puede empezar de nuevo. Es paz, es claridad.
No tengo una decoración blanca, como lo dije más arriba. Mi árbol es un carnaval de colores, y las bambalinas doradas son las reinas de la sala. Pero eso no le quita mérito al blanco en mi corazón. Es más, creo que justamente por estar rodeada de tanto color, el blanco resalta más en mi mente. Es como ese pensamiento bonito que aparece en medio del bullicio, ese deseo silencioso de que el próximo año venga con menos sobresaltos y más abrazos sinceros.
! [English version]
When people ask me what my favorite Christmas color is, I don't have to think twice: white. Yes, I know, it sounds strange coming from someone whose tree looks like a party of lights with decorations of all colors. But the heart doesn't always follow decorative logic, right?
The thing is, for me, white is more than just a color. It's a feeling. It's the sigh I let out when I finally sit down with a cup of coffee, while Gabo, my son, asks me for the fifth time if he can open his presents (even though it's only December 20). It's the calm amid the December chaos, hope wrapped in silence, the promise that everything can start again. It's peace, it's clarity.
I don't have white decorations, as I mentioned above. My tree is a carnival of colors, and the golden curtains are the queens of the room. But that doesn't detract from the white in my heart. In fact, I think that precisely because I'm surrounded by so much color, the white stands out more in my mind. It's like that beautiful thought that appears in the midst of the hustle and bustle, that silent wish that next year will come with fewer surprises and more sincere hugs.
El blanco me recuerda a la pureza de los nuevos comienzos. A esa sensación de página en blanco que trae el Año Nuevo. Me gusta pensar que cada 31 de diciembre, cuando el reloj marca la medianoche, el universo me entrega una hoja limpia para escribir una nueva historia. Y aunque la tinta a veces se me corra con lágrimas, el blanco siempre está ahí, esperando que vuelva a empezar.
Y hablando de comienzos… no puedo dejar por fuera una tradición venezolana que, aunque no es blanca, tiene su lugar especial en mi ritual de fin de año: la ropa interior amarilla. ¡Ah, sí! Esa prenda que, según la sabiduría popular, atrae la buena suerte, el dinero, el amor, la felicidad y, si te la pones al revés, hasta un viaje a París (o al menos a Choroní).
Cada 31 de diciembre, me lanzo a la búsqueda de la ropa interior amarilla como si fuera el Santo Grial. Y no cualquier amarillo, no señor. Tiene que ser un amarillo vibrante, que grite “¡prosperidad, ven a mí!”. Mi hijo ya ni se inmuta cuando me acompaña al Palacio del Blúmer y me ve revolviendo los cajones de oferta con cara de detective. “Mamá, ¿me puedo ir a comer un helado? Esto de verdad es aburrido” Y yo no creo en eso. Todo es mental. Y yo, con toda la dignidad del mundo, le respondo: “¡Vaya, mijo, vaya! ¡Aquí está la tarjeta de débito! Uno nunca sabe. El universo premia a las personas precavidas”.
! [English version]
White reminds me of the purity of new beginnings. That feeling of a blank page that the New Year brings. I like to think that every December 31, when the clock strikes midnight, the universe gives me a clean sheet to write a new story. And even though the ink sometimes smudges with tears, the white is always there, waiting for me to start again.
And speaking of beginnings... I can't leave out a Venezuelan tradition that, although not white, has a special place in my New Year's Eve ritual: yellow underwear. Oh, yes! That garment which, according to popular wisdom, attracts good luck, money, love, happiness and, if you wear it backwards, even a trip to Paris (or at least to Choroní).
Every December 31, I set out in search of yellow underwear as if it were the Holy Grail. And not just any yellow, no sir. It has to be a vibrant yellow that screams “prosperity, come to me!” My son doesn't even flinch anymore when he accompanies me to the Palacio del Blúmer and sees me rummaging through the bargain bins with a detective's face. “Mom, can I go get some ice cream? This is really boring.” But I don't believe in that. It's all in the mind. And I, with all the dignity in the world, reply: “Go ahead, son, go ahead! Here's my debit card! You never know. The universe rewards those who are prepared.”
Así que sí, mi Navidad es un collage de colores, de risas, de recuerdos y de esperanzas. Pero en medio de todo eso, el blanco es mi ancla. Es el color que me recuerda que, aunque la vida no siempre sea fácil, siempre hay espacio para la paz, para la fe, y para empezar de nuevo. Y si el blanco me da serenidad, el amarillo me da chispa. Porque una cosa no quita la otra: puedo buscar la calma con una vela blanca en la mesa… mientras uso mi ropa interior amarilla como quien lanza una indirecta cósmica.
Al final, la Navidad es eso: una mezcla de lo que somos, lo que soñamos y lo que recordamos. Y si hay que adornarla con luces multicolores, bambalinas doradas, pensamientos blancos y calzones amarillos, pues que así sea. Porque la vida es contradictoria, sí, pero también es maravillosa. Y aquí estamos, celebrándola con todo el corazón… y con un poquito de superstición.
La Navidad de mi infancia y juventud era distinta; estaba llena de otros brillos. Pero la Navidad de hoy, la que comparto con mi hijo, es más valiosa porque es consciente.
El blanco me da paz para enfrentar los retos. Y el amarillo me da la dosis necesaria de humor y fe ciega. Estos dos colores no solo adornan mi casa; son los valores que elegí para recibir el 2026.
! [English version]
So yes, my Christmas is a collage of colors, laughter, memories, and hopes. But in the midst of all that, white is my anchor. It's the color that reminds me that even though life isn't always easy, there's always room for peace, faith, and new beginnings. And if white gives me serenity, yellow gives me sparkle. Because one thing doesn't take away from the other: I can seek calm with a white candle on the table... while wearing my yellow underwear as if sending a cosmic hint.
In the end, that's what Christmas is: a mixture of who we are, what we dream of, and what we remember. And if we have to decorate it with multicolored lights, golden curtains, white thoughts, and yellow underwear, so be it. Because life is contradictory, yes, but it is also wonderful. And here we are, celebrating it with all our hearts... and with a little bit of superstition.
Christmas in my childhood and youth was different; it was full of other sparkles. But Christmas today, which I share with my son, is more valuable because it is conscious.
White gives me peace to face challenges. And yellow gives me the necessary dose of humor and blind faith. These two colors not only decorate my home; they are the values I have chosen to welcome 2026.
Quisiera invitar a participar a mis amigas ,
y
a que se unan a esta iniciativa, de nuestro apreciado
, ¡y está próximo a vencer! ¡Me encantaría leerlas!
I would like to invite my friends ,
, and
to join this initiative by our dear
. It's about to expire! I would love to read your entries!
De mi corazón al tuyo,
Gracias por acompañarme hasta aquí 💜
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From my heart to yours,
Thank you for accompanying me this far 💜
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