Hola queridos amigos de . Es un gusto inmenso volver a participar por acá en otra de sus iniciativas. Esta vez quiero emitir mis consideraciones acerca de un tema tan motivador como el que propone
.
Debo confesar que su publicación causó un gran impacto en mí, pues, a pesar de que hace algún tiempo he ido transformando mis hábitos conscientes en hábitos más orgánicos, lo hice porque me considero una persona
que siempre está en constantes cambios, procesos necesarios para convivir en armonía y crecer de forma personal y espiritual.
No he ido transformando esos hábitos partiendo de estas preguntas y creo que por eso no veía más resultados. Mailin preguntó textualmente:
Es preguntarse: ¿esto que hago cada día me acerca a la vida que quiero? ¿Me conecta con los demás? ¿Me hace sentir presente?
Este debería ser el punto de partida irremplazable por el cual nuestros hábitos debieran cambiar. Así nuestro proceso sería más restaurador, reparador y nuestra victoria sería eminente.
Hace poco vi un programa en televisión que hablaba sobre el uso del teléfono en la mesa o durante conversaciones con la familia y amigos. Actualmente no soy de tener ese problema, pero antes sí. Renuncié a ese hábito porque me di cuenta de todo lo que perdía, de las cosas que sucedían y que no volverían por estar en otro universo tecnológico remplazando al de carne y hueso. El conferencista comentaba: acaso no se te queda la notificación y puedes responder a ese mensaje luego es una realidad, no quiere decir que ignoremos por completo lo que sucede en el teléfono pero sí que tenemos que centrarnos en nuestra realidad, en la que se nos escapa de la mano.
Hace algún tiempo mi mamá prohibió los celulares a la hora de comer, fue una prohibición directa para mi hermano, pues refería que sin el teléfono o la tableta no podía comer. Ella le dio muchas explicaciones científicas y tal pero es que muchas veces se perdía de la concertación que teníamos sobre el día, nuestros proyectos, por estar enajenado en algo que verdaderamente no le sumaría.
Me sentí muy identificada también con Mailin en los saludos. En la Universidad no confraternizaba tanto, me limitaba a un cordial Buenos días y un Hasta luego. Obviamente tengo mis amigos a fines pero con el resto sí que era así. Eso no me llegó a ningún lado, estoy rodeada de personas que estarán conmigo durante tres años más, que nos graduaremos juntos y que posible y seamos compañeros de trabajo. Comencé con preguntas más orgánicas y sinceras de todo corazón. Comencé a ver qué había más compañeras con las que tengo cosas en común y que verdaderamente me negaba a ver un mundo más allá que el aula del estudios.
En la casa también he cambiado aquel hábito cliché de cocinar, fregar, limpiar, pelear y de nuevo el mismo bucle. Transformé las peleas por tararear mi canción favorita o la música que se estuviese reproduciendo por la bocina. Me detuve un poco más en escuchar las experiencias de mi mamá y hasta en ayudarla un poco más a adentrarse en Hive.
Ya no siempre voy por la calle con audífonos ignorando al mundo ( esto aún sí que lo sigo haciendo a veces, un tin) ya escucho mejor el silbido de las aves, tan tiernas, me detengo más en el azul hermoso del cielo, amo ver los niños reírme en el transporte, ayudar y sonreírle a los abuelitos. Verdaderamente AMO esos detalles pequeñitos pero inmensos a la vez, son más como energía para un corazón que estuvo siempre en la rutina.
Gracias Mailin por tus palabras y reflexión.
Un saludo enorme. ¡Nos vemos!
Todas las fotos son de mi propiedad.