Hace días en una clase escuché y hable mucho sobre “los lenguajes del amor”. Al principio me sonaba raro, como si fueran idiomas secretos que uno tenía que aprender para poder querer bien. Pero luego descubrí que se trataba de formas distintas de expresar cariño: palabras, tiempo, regalos, actos de servicio y contacto físico. Y ahí fue cuando me puse a pensar: ¿cuál es el mío? ¿Y cuál es el de mi familia?
Me di cuenta de que mi lenguaje principal es palabras de afirmación. O sea, cuando alguien me dice “estoy orgulloso de ti”, “te quiero”, “me gusta cómo eres”, siento que mi corazón se llena de luz. Es como si esas frases fueran gasolina para mi confianza. No necesito que me compren cosas caras ni que me abracen todo el tiempo; lo que más me mueve es escuchar que me valoran. Descubrí esto porque cada vez que mi mamá me decía algo bonito, como “me encanta cómo escribes” o “eres muy creativa”, yo me quedaba feliz todo el día. En cambio, cuando pasaban semanas sin que nadie me dijera nada así, me sentía invisible, como si no importara.
Entonces empecé a observar a mi familia. Mi mamá, por ejemplo, creo que su lenguaje del amor es actos de servicio. Ella siempre está pendiente de que tengamos comida lista, de que la ropa esté limpia, de que la casa esté ordenada. A veces no dice mucho, pero se nota que su manera de amar es hacer cosas por nosotros. Mi papá, en cambio, es más de tiempo de calidad. Le gusta que nos sentemos juntos a ver una película, que salgamos a caminar, que conversemos sin prisa. Y mi hermana pequeña es súper de contacto físico: siempre quiere abrazos, cosquillas, estar pegado a uno.
Cuando me di cuenta de todo esto, me animé a hablarlo con ellos. Fue una conversación rara al principio, porque nunca habíamos puesto palabras tan claras a cómo nos damos amor. Les conté que yo necesito escuchar frases bonitas, que eso me hace sentir acompañada. Mi mamá se sorprendió y me dijo que ella pensaba que con cocinarme y cuidarme yo ya entendía que me quería. Mi papá dijo que para él pasar tiempo juntos era suficiente, y mi hermana se rió porque dijo que él solo quiere abrazos todo el día.
Lo más bonito fue que empezamos a reconocer que a veces no coincidimos. Por ejemplo, mi mamá se esfuerza mucho en los actos de servicio, pero yo a veces no lo noto como amor, sino como rutina. Y ella se dio cuenta de que casi nunca me dice palabras de afirmación, aunque sí las piensa. Mi papá entendió que cuando está ocupado y no pasa tiempo conmigo, yo siento que me falta cariño, aunque él crea que con un “te quiero” rápido ya está. Y yo también entendí que a veces me concentro tanto en recibir palabras que me olvido de dar abrazos a mi hermana o de ayudar a mi mamá en la casa.
Desde esa conversación, hemos tratado de mejorar. Mi mamá ahora me dice más seguido cosas como “qué linda te quedó esa tarea” o “me gusta tu forma de pensar”. Mi papá intenta darme tiempo de calidad, aunque sea un rato corto, como acompañarme a comprar algo o preguntarme cómo me fue en el día. Y yo me esfuerzo en mostrar amor en sus lenguajes: hago favores pequeños para mi mamá, como lavar los platos sin que me lo pida; paso ratos con mi papá aunque no tenga ganas; y abrazo más a mi hermana, aunque a veces me canse.
No es que lo hagamos perfecto. Hay días en que cada uno está en su mundo y parece que olvidamos todo. Pero siento que ahora tenemos más conciencia. Sabemos que el amor no es solo sentirlo, sino también expresarlo en la forma que el otro entiende. Y eso me parece poderoso, porque muchas veces uno cree que no recibe cariño, cuando en realidad sí lo recibe, solo que en un idioma distinto.
Al final, creo que descubrir los lenguajes del amor fue como encontrar un mapa. Me ayudó a entenderme y a entenderlos. Me enseñó que no basta con querer, sino que hay que aprender a traducir ese querer en gestos, palabras o tiempos que el otro pueda reconocer. Y aunque todavía nos falta practicar, siento que estamos más cerca. Porque ahora sé que cuando mi mamá cocina, cuando mi papá me invita a ver una película, o cuando mi hermana me abraza, todos me están diciendo “te quiero”, aunque no usen las mismas palabras que yo.❤️