Mi temperamento y mi energía: un caos bonito que estoy aprendiendo a amar
No sé si esto le pasa a todo el mundo, pero yo siento que tengo muchas versiones de mí misma. A veces soy súper tranquila, otras veces me dan ataques de inspiración y quiero cambiar el mundo. A veces lloro por cosas que nadie nota, y otras veces me río cuando todo parece estar mal. Y en medio de todo ese caos, empecé a preguntarme: ¿cómo soy realmente? ¿Qué parte de mí es la que manda?
Hace poco vi una clase sobre los temperamentos y las energías femenina y masculina, y aunque no quiero sonar como una enciclopedia (porque eso ya está en mil páginas), sí quiero contar lo que descubrí sobre mí. Mi temperamento principal es melancólico. Lo supe porque soy muy sensible, muy pensativa, y todo lo que siento lo siento a mil. Si alguien me dice algo feo, no solo me duele, sino que me lo quedo pensando por días. Me cuesta soltar. Me cuesta no imaginar mil escenarios. Me encanta escribir, dibujar, escuchar música que me haga sentir cosas. Soy de las que se queda viendo el cielo y pensando en cosas que nadie preguntó.
También tengo algo de flemática. Me gusta la paz, los espacios tranquilos, observar sin hablar. No me gusta el conflicto, prefiero evitar discusiones, aunque por dentro esté armando una novela. Me cuesta tomar decisiones rápido, y a veces me quedo paralizada por miedo a equivocarme. Me gusta estar en mi espacio, con mi música, mis pensamientos, mis cosas. No me gusta que me presionen ni que me digan cómo tengo que ser.
En cuanto a las energías, siento que mi energía dominante es femenina. Me gusta cuidar, escuchar, abrazar, estar en lo suave. Soy buena para notar cuando alguien está mal, aunque no lo diga. Me gusta crear cosas lindas, frases que calmen, rituales que conecten. Pero también tengo momentos donde mi energía masculina aparece, como cuando me pongo súper determinada con algo. Ahí soy como una tormenta: avanzo, no me detengo, no me importa si me dicen que no puedo. Me pongo firme, directa, enfocada. Me gusta esa parte de mí, aunque a veces me da miedo que me vuelva fría o demasiado exigente.
¿Me gusta toda mi personalidad? La verdad, no siempre. A veces me gustaría ser más relajada, no pensar tanto, no llorar por todo. Me gustaría tener más energía masculina en algunos momentos, como para poner límites, decir lo que pienso sin miedo, y no quedarme callada por no incomodar. También me gustaría ser más espontánea, menos perfeccionista, más libre. Pero estoy aprendiendo a quererme como soy. A entender que mi sensibilidad no es debilidad, que mi calma no es pasividad, que mi intensidad no es exageración.
Estoy aprendiendo a equilibrar mi fuego y mi agua, mi ruido y mi silencio, mi fuerza y mi ternura. A veces soy un huracán, otras veces soy brisa. Y eso está bien. No hay una sola forma de ser adolescente. No hay una sola forma de ser tú. Y eso, para mí, es lo más bonito.
Conocerse no es llegar a una respuesta fija, es aprender a escuchar lo que cambia dentro de ti. A veces creemos que debemos encajar en una sola etiqueta: “soy fuerte”, “soy sensible”, “soy racional”, “soy emocional”. Pero la verdad es que somos todo eso, en distintos momentos, con distintas personas, en distintos climas del alma.
Reconocer mi temperamento y mi energía dominante no fue para encerrarme en una caja, sino para entender mis reacciones, mis luces y mis sombras. Me ayudó a dejar de pelear con partes de mí que antes no entendía. A veces soy fuego, otras veces soy agua. A veces quiero cuidar, otras veces necesito que me cuiden. Y está bien.
No se trata de cambiar quién eres, sino de habitarte con más conciencia. De saber cuándo necesitas pausa y cuándo necesitas impulso. Cuándo tu energía femenina quiere crear, y cuándo tu energía masculina quiere avanzar. Todo eso vive en ti.
Así que si estás en ese camino de descubrirte, no te apures. No hay una versión final. Solo hay versiones más honestas, más tuyas. Y cada paso que das hacia ti misma, incluso los que duelen, también son parte del amor propio.