Hola comunidad con este post doy continuidad a la serie. No siempre tengo algo importante que contar.
La mayoría de los días pasan sin escenas memorables, sin frases que subrayar, sin conclusiones claras. Aun así, algo queda. No como aprendizaje ni como revelación, sino como una capa fina sobre lo cotidiano.
De ahí la idea de hacer esta serie, Entre lo que pasa y lo que no digo.
No es un intento de explicarme ni de encontrar sentido a todo. Es una forma de mirar lo que suele quedarse fuera de conversación, gestos pequeños, hábitos cotidianos, momentos que no se anuncian pero que están presente.
Lo escribo desde lo cotidiano, desde lo observable, no necesita ser profundo para ser real. No busco cerrar ideas ni dejar mensajes. Solo registrar, como quien anota el clima del día sin juzgarlo.
Asi que no habrá respuestas ni promesas.
Solo escenas mínimas, días normales y una voz que mira.
Entre lo que pasa y lo que no digo #16
Las veces que no soy tan buena como parezco
Fuente Pixabay
A veces no soy la persona que los demás creen.
No es algo que diga en voz alta.
Tampoco es algo que intente ocultar de forma consciente.
Simplemente… no lo muestro.
Hay pequeños momentos en los que mi reacción no coincide con lo que se espera de mí.
Alguien cuenta algo y respondo con interés,
pero por dentro no me mueve tanto como parece.
Alguien necesita algo y podría ayudar,
y aun así, elijo no hacerlo.
No siempre es por cansancio.
A veces es comodidad.
Otras veces es una forma silenciosa de priorizarme, aunque no lo diga así.
También están esas veces en las que digo algo amable sin sentirlo del todo.
No es mentira.
Pero tampoco es completamente verdad.
Es una versión más fácil, más ligera, más aceptable de lo que realmente pienso.
Hay una especie de edición interna que ocurre muy rápido.
Cambio una palabra.
Suavizo una idea.
Evito una frase que podría incomodar.
No lo hago para manipular.
Ni para quedar bien todo el tiempo.
Es más bien una forma de no alterar demasiado el equilibrio de lo que está pasando.
Porque ser completamente honesta, a veces, implica incomodar.
Y no siempre estoy dispuesta a asumir lo que viene después de eso.
Hay días en los que noto claramente esa diferencia entre lo que muestro y lo que pasa por dentro.
No es grande.
No es escandalosa.
Pero está.
Y cuando la veo, no siempre hago algo al respecto.
A veces la dejo ahí.
Como una pequeña desviación que no corrijo.
Antes pensaba que ser coherente era alinear todo.
Lo que pienso.
Lo que siento.
Lo que digo.
Ahora no siempre.
Hay pequeños desajustes que dejo pasar.
No porque me enorgullezcan.
Pero tampoco porque los vea como algo grave.
Son gestos mínimos.
Respuestas que no son del todo sinceras.
Silencios que evitan una verdad completa.
Decisiones pequeñas que favorecen mi comodidad.
Nada de eso es suficiente para definirme.
Pero tampoco es tan irrelevante como para ignorarlo.
Son partes menos visibles de mí.
No las mejores.
Tampoco las peores.
Solo… menos cómodas de mostrar.
A veces me pregunto si los demás notarían la diferencia si vieran todo tal cual es.
Si cambiaría algo.
Si realmente importa tanto como parece.
No siempre tengo una respuesta clara.
No creo que eso me convierta en alguien falso.
Pero sí me recuerda que no soy tan simple como a veces parezco.
Que hay capas que no siempre se ven.
Y que algunas de ellas no encajan del todo con la imagen que proyecto.
Y está bien verlo.
Aunque no siempre haga algo con eso.
Porque incluso en lo cotidiano,
también hay matices que no terminan de alinearse.
No todo lo que muestro es verdad completa,
pero tampoco todo lo que callo es inocente.
Con esto termina este decimosexto capítulo y me despido. Díganme en los comentarios qué les pareció y si quieren apoyar será bien recibido.
Las imágenes utilizadas son de Pixabay y utilizo Google Translate para la versión en inglés.
English Version
Between what happens and what I don’t say #16
The times I’m not as good as I seem
Fuente Pixabay
Sometimes I’m not the person others think I am.
It’s not something I say out loud.
It’s not something I consciously try to hide either.
I just… don’t show it.
There are small moments when my reaction doesn’t match what is expected from me.
Someone shares something and I respond with interest,
but inside it doesn’t move me as much as it seems.
Someone needs something and I could help,
and still, I choose not to.
It’s not always about being tired.
Sometimes, it’s comfort.
Other times, it’s a quiet way of prioritizing myself, even if I don’t call it that.
There are also moments when I say something kind without fully meaning it.
It’s not a lie.
But it’s not entirely true either.
It’s a softer, lighter, more acceptable version of what I really think.
There is a kind of internal editing that happens very quickly.
I change a word.
I soften an idea.
I avoid a sentence that could create discomfort.
I don’t do it to manipulate.
Or to look good all the time.
It’s more a way of not disturbing the balance of what is happening.
Because being completely honest sometimes means making things uncomfortable.
And I’m not always willing to deal with what comes after that.
There are days when I clearly notice that gap between what I show and what goes on inside.
It’s not big.
Not dramatic.
But it’s there.
And when I see it, I don’t always do something about it.
Sometimes I just let it be.
Like a small misalignment I don’t correct.
I used to think that being consistent meant aligning everything.
What I think.
What I feel.
What I say.
Not anymore.
There are small mismatches I let pass.
Not because I’m proud of them.
But not because I see them as something serious either.
They are minimal gestures.
Responses that are not fully honest.
Silences that avoid a complete truth.
Small decisions that favor my own comfort.
None of that is enough to define me.
But it’s not irrelevant either.
They are less visible parts of me.
Not the best ones.
Not the worst ones either.
Just… less comfortable to show.
Sometimes I wonder if others would notice the difference if they saw everything as it is.
If it would change anything.
If it really matters as much as it seems.
I don’t always have a clear answer.
I don’t think that makes me fake.
But it does remind me that I’m not as simple as I sometimes seem.
That there are layers not always visible.
And that some of them don’t fully match the image I project.
And it’s okay to see it.
Even if I don’t always do something about it.
Because even in the everyday,
there are shades that don’t fully align.
Not everything I show is the full truth,
but not everything I keep quiet is innocent.
With this, the sixteenth chapter comes to an end and I say goodbye. Tell me in the comments what you thought, and if you’d like to support, it will be very welcome.
The images used are from Pixabay and I use Google Translate for the English version.
https://vote.hive.uno/@thebbhproject
Support the witness and vote for TheBbhProject carried out by