Conceptualmente el pensamiento se define como procesos cognitivos voluntarios o involuntarios, por los cuales el ser humano desarrolla sus ideas acerca del entorno, los demás o él mismo, y están influidos por emociones y sentimientos.
Un pensamiento es más peligroso de lo que podemos imaginar, no es una idea desprovista de poder. Y lo peor, es que a veces menospreciamos su potestad y tendemos a simplificar su efecto.
Al permitir que un pensamiento habite en la mente, mientras más tiempo pase logrará engrandecerse y reestructurar sentimientos.
Un pensamiento transforma el rostro:
Tus gestos faciales hablan de lo que hay en tu mente, "tu cara tiene subtítulos" (tomado de una pastora que estimo mucho). Aprender a caminar con un espejo, es lo mejor para darnos cuenta de lo que transmitimos. No puedes esperar que las personas te reciban con miel, cuando llegas con cara de limón.
El problema está en qué lo que hay en tu mente modifica tu conducta, tu rostro y altera tu entorno.
Un pensamiento distorsiona tu visión:
Tu expresión habla de lo que vez, y lo que vez de lo que piensas. Tu visión depende de tu mentalidad. Un pensamiento se alimenta, o se obliga a morir de hambre.
Un pensamiento te destruye:
Hay enemigos que te derrotan sin ir a la batalla, lo hacen en la mente. Se suele sufrir más por lo que uno se imagina que está sucediendo, que por lo que realmente sucede. Un pensamiento negativo puede bajar tu autoestima, llenarte de miedos e inseguridades que paralizan tu desarrollo personal.
El miedo no puede ser un obstáculo, sino una herramienta para capacitarnos.
No te enfoques en las temporadas, sino en el final que vas a vivir.
Usa el proceso como trampolín para avanzar, no te detengas.
La felicidad es una decisión, y solo Dios hace al hombre feliz, si no eres capaz de gobernar tu mente, ella te gobierna a ti. El pensamiento de un cristiano debe ser: todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4: 13). Y como dice en 2Corintios 10: 3-5
3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;
4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
Dios los bendiga...