¡Hola, mis amores de Holos&Lotus! Hoy quiero compartir con ustedes esta historia con un toque motivacional con la que estoy segura que se identificarán, porque quién no ha tenido una gotera en su vida.
Desde ya gracias por su lectura
Todas las noches una gota interrumpía abruptamente la tranquilidad de la noche. caía acompasda como si de una melodía se tratase. pronto advirtió que la gota caía con un rito de dos gotas seguidas, un silencio, dos gotas seguidas, silencio.
Esa melodía se repetía todas la noches y todas las noches, Ana intentaba mitigar ese molesto ruido haciendo cualquier cosa. Una noche decidió cerrar la puerta, pero la melodía se colaba por las fibras de la madera y se escuhaba clarito.
Otro día cerró la puerta e intentó ponerse las almohadas para evitar que llegara. En un principio, notó se que la molestia aminoró por unos días.
Repitió la fórmula, hasta que un día, lo que antes estuvo lejos, se acercaba más. la cadencia de dos gotas, un silencio, dos gotas cambió. Ahora, eran tres gotas, un silencio, tres gotas y una pequeña gota alargada.
Eso la volvió loca y decidió colocar un hilo para hacer que desapareciera. Nuevamente, consiguió mitigar el ritmo que la atormentaba.
De esta manera, Ana juntaba su combo de técnicas y logró dormir un par de hora, pero algo la molestaba. Ella sabía que la gota seguí allí.
Iba y venía del trabajo, se ocupaba de sus cosas cotidianas. hacía por aquí y por allá y siempre, como una sombra ominosa, volvía el recuerdo de la melodía goteante que, por las noches, la atormentaba.
Esa noche pudo dormir tranquila y en paz. Dejó las almohadas a un lado, dejó abierta la puerta de su habitación y hasta el hilo que había dejado en el grifo lo quitó.
Al otro día, su mamá la esperaba con el desayuno listo y cuando terminó de ducharse y se dispuso a desayunar con su mamá. Mientras, lo hacían su mamá la observaba y noto su cambio. Ella con una sonrisa pícara le dice:
-No es posible tapar el sol con un dedo, Ana. Aunque intentes evadir los problemas siempre estarán allí.
Ana la miró, sonrió y siguió comiendo. Ese día hizo un par de llamadas para resolver un par de cosas que la molestaban. Esa noche durmió como nunca.