Llevo un año por mi cuenta, uno donde me quede completamente solo, tal vez en otros lugares de mundo es lo más común, pero en mi país (Cuba) estamos acostumbrados a tener ese manto familiar que se pasa de generación en generación. Bueno aunque eso está cambiando en los tiempos que nos tocó vivir, aunque en mi caso es un poco diferente. Normalmente son los jóvenes los que migran, se van, pero yo pase de vivir con mi abuela, mi madre y tener la ayuda de una tía a nada. Por suerte no debido a ninguna desgracia, sino a la migración, migración interna (que también existe) la gente de siempre se ha ido a las capitales, porque si en un país las cosas no van, bien en las provincias más lejanas de la capital como es mi caso(Santiago de Cuba) pues peor.
En este proceso he tenido que aprender muchas cosas y asumir otras tantas, más que nunca identificarme con la carga que tenia mi abuela de las que siempre se quejaba. Esas pequeñas tareas hogareñas, entender de a golpe que ese plato que dejaba encima de la mesa después de comer no va aparecer fregado en el platero o mejor, servido nuevamente el la próxima comida, también saber que la ropa que deje amantonada en un rincón seguirá amontonada y que me toca hacer. Un concepto que puede ser tan abarcado, hacer la comida, hacer dinero para comprar esa comida, fregar los platos, las ollas, los cubiertos (comprar el detetjente si se acá) y volver a empezar una y otra vez. Eso es lo realmente agotador y una y otra vez me pregunto como mis madres lo hacían.
Realmente se que esto no es nada de otro mundo y que no es más que la vida manifestándose, pero nadie te prepara para esto. Y si lo acepto, or mucho tiempo fui el niño de casa, incluso cuando ya no me tocaba serlo y aún así me quejaba de cosas, que la comida no estaba a tiempo, que la camisa que me gustaba aún seguía en la ropa sucia o que molestaran mis ratos libres para hacer alguna labor dentro de casa. Ahora entiendo la gran carga que realmente tenía implícita todo esto. Pase a ser el hombre de casa, el "ama de casa" y seguir a su vez siendo el niño del que muchas veces me quejo por dejar las cosas regadas o sucias el día anterior.
Durante este año he tenido que ir desde cero prácticamente en la vida, aprender a cocinar, gestionar los gastos, organizar la casa, todo a la vez que sigo trabajando en lo que aparece (mientras intento salir del desempleo que es otro tema) la necesidad te obliga y tuve que chocar de frente con esa realidad, nadie te prepara para ser adulto.
Y aún sigo adaptándome a todos estos cambios, el crecimiento tuvo que ser abructo, pero lo agradezco. Soy una persona mucho más capás que la que empezó a vivir este proceso, tropezando mucho aprendí a hacer cada cosa que parecía imposible de la que me convenció o nunca intente. Es cierto a ser adulto nadie te enseña, esa es la realidad, pero a través de las experiencias de experimentar distintas realidades en carne propia uno termina por encontrar su equilibro en esta etapa de la vida.