
Brindis por el reencuentro, por la familia y por la felicidad
Desde que inició el mes de noviembre, comenzamos una cuenta regresiva para el tan esperado reencuentro con mi cuñada que llegaría a nuestro país, a mediados de noviembre, desde Perú, después de cinco años de haber emigrado.
Como es bien sabido, en cada familia venezolana se puede contar un familiar ausente, pues son muchos los venezolanos que han emigrado a otros países en busca de calidad de vida, primordialmente, y de oportunidades de trabajo y crecimiento. Mi familia no está exenta de esas ausencias, y este año se sumaron a la abrumadora estadística de emigración, mi hija y mi yerno. Es fácil contarlo en pocas palabras, pero es un proceso largo y muchas veces complicado y doloroso. Tomar la decisión cuesta mucho y tomar las acciones pertinentes para hacerlo, implica un importante coste emocional, psicológico y económico. Este es un tema que podríamos desarrollar ampliamente en otras publicaciones para hacer catarsis del sentimiento que se experimenta. En esta ocasión, quiero enfocarme en lo que significó una de las experiencias más emocionantes que vivimos como familia: Nuestro reencuentro con mi cuñada.
Gaby es la tercera de los tres hermanos mayores de mi esposo y para mí, más que una cuñada es una hermana. He sido muy afortunada en la vida, pues cuando me casé, gané una familia que me acogió con mucho amor y a lo largo de estos treinta años de matrimonio, hemos vivido y compartido todo en unión, armonía y respeto.

Un abrazo fuerte que nos recordó que no hay distancia que opaque el amor de familia
Gaby llegó primero a Mérida, la ciudad donde vivió desde que tenía 18 años cuando se fue a estudiar, para resolver asuntos personales que tenían que ver con cerrar un ciclo de vida en el terruño del que se enamoró a simple vista, desde el primer día y en el que hizo su vida profesional. Fueron casi treinta años de vida que metió en unas cuantas cajas. Es increíble como todo se reduce a eso, unas cuantas cajas, cuando de emigrar se trata e intentar meter en una maleta lo vivido.
Este fin de semana, nuestras emociones como familia estaban a flor de piel, pues, Gaby regresaría a su tierra natal para pasar las Navidades, y definitivamente, esta época hace la ,magia para vivir alegrías en unión familiar. Al llegar, los abrazos no se hicieron esperar, y las lágrimas de felicidad desbordaron nuestros ojos. Si bien es cierto que la tecnología nos mantiene conectados y muy cercanos, no hay comparación con un abrazo apretado, con una conversación personal para contarnos la vida. Y vaya que en cinco años pasó mucho en nuestra historia de familia que se contó a distancia y sin muchos detalles.

Mi suegra, mis cuñadas y yo, agradeciendo por el maravilloso momento vivido
El tan esperado día fue el domingo pasado. Desde tempranas horas, todos estábamos ansiosos de felicidad. Nos preparamos para el reencuentro y organizamos todo para el recibimiento con la intención de que Gaby sintiera profunda y amorosamente el calor del hogar y la familia.
Al verla, la emoción nos embargó a todos y con pitos y bambalinas la recibimos. Risas, lágrimas de felicidad, abrazos, bailes, saltos se conjugaron para marcar este encuentro. Alzamos nuestras copas para agradecer infinitamente a Dios por esta hermosa vivencia, sobre todo en los tiempos que estamos viviendo.
Compartimos con ella un almuerzo que no podía ser otro menú que pescado. Era lo que quería, pues siempre comentaba que extrañaba mucho la comida del oriente venezolano, sobre todo los pescados frescos que podemos comer por aquí.
Así, transcurrió el domingo pasado. Fue una gran fiesta familiar. Fotografías hay muchas, de cada instante que atesoraremos en nuestros corazones, de las risas, de los abrazos de todos, de las conversaciones que se extendieron hasta la madrugada cuando, ya agotados y felices, nos despedimos y nos fuimos a descansar con el corazón rebosante de amor y gratitud.
Todo el contenido de esta publicación es contenido original y trabajo creativo personal. Las fotos son de mi propiedad, se pueden encontrar en mis otras redes sociales. Los separadores banners son mis diseños en Canva.