Enrique, era un hombre joven, que creía tener el mundo a sus pies, trataba a los demás como menos y siempre creía la razón tener. Aún cuando no tenía un buen parecer, Enrique con su labia o palabrerías podía a muchas convecer.
Se creía el rey de las fiestas y celebración. Enrique salía a beber con sus amigos los fines de semana, fuera de día o de noche, creyéndose el galán, así no tuviera coche,
Una noche luego de consumir muchas bebidas alcohólicas, Enrique se quedó dormido, donde un amigo, este lo hizo acostar en una hamaca en un cuarto de atrás y entre delirios, el pobre Enrique comenzó a escuchar:
—Mi iiioooo—
—¿Qué clase de sonido es es ese?— se preguntó
—Miiii iii ooo—
Se escuchaba a lo lejos y fue cuando recordó, aquella leyenda urbana, de una mujer que a sus hijos perdió y cuando las escuchan lejos, es por que esta cerca, esto le aceleró el corazón.
El sonido cada vez se escuchaba más cerca, del miedo sudó el alcohol y se le olvidó su borrachera, arropado estaba de pies a cabeza, cuando en medio del miedo 😨 se asomó a verla.
Menuda sorpresa, no era el fantasma de la mujer que buscaba a sus hijos, era tan solo un lindo gatito, el sonido ahora era mucho más claro, el pequeño felino solo decía ¡Miau!
El miedo de Enrique y su borrachera, lo llevó a creer que un cuento de la cripta era, pensando en que quizás se convertiría en estatua o calabera, si el rostros de aquel fantasma el viera.
La noche paso y esto no le impidió que a otra fiesta fuera, el baile, las mujeres y por suspuesto sus borracheras, era lo que a veces lo metían en problemas y el no cambiaba así de todo le sucedería.
—¡Wow!— Tremenda Rubia se conquisto Enrique, una mujer hermosa, de grandes senos y hermosa figura, sus besos hacian que nuestro protagonista viajara hasta la luna, para él esto era más que una aventura
Se subieron a un taxi y siguió la pasión, beso tras beso, hasta que su mano curiosa en la parte baja de la rubia se metió y allí fue que a Enrique de golpe se le apagó la pasión, la rubia tenía entre sus piernas tremendo pistolon.
Los amigos de Enrique no paraban de reír, era un hombre la rubia y no lo supo descubrir, entre trago y trago, el alcohol lo hizo asumir, que era una mujer hermosa la que el llevaría a una suite.
El tiempo pasó y Enrique de sus borracheras locas se dejó pero una noche, otra pea se echó y fue cuando entonces estas historias contó, a quien hoy las escribe y el nombre del protagonista cambió.
Moraleja: Si usted consumiendo bebidas alcohólicas pierde la razón y hace cosas que luego se puede arrepentir, mejor tome jugo de limón y le aseguro será más feliz. Que no le pase como a Enrique, y su historia también publiquen 🙊🙈 jajaja.
Esta copla es de mí autoría, basada en la vida real de cualquiera y de nadie en específico.