Soledad, cuanto tiempo pasé sin verte y cuantas veces creí extrañarte,
así como llegaste te fuiste y contigo mis días grises,
Lamenté las tantas veces que deseé no tenerte, lamenté las muchas otras que quise estar sin ti,
pues soledad yo contigo no era nada, pero sin ti soy tan extraño,
De matices te pintaste para mí en el cielo cada vez que te sentía mía,
cada vez que eras mi única compañía y fue justamente eso lo que en momentos me hizo añorarte,
Tonos rojizos, tonos azules, todos de muchos colores y entre ellos solo tu y yo,
perdidos en en medio del silencio que me dejabas al estar en el regazo de tus sinsabores,
Llegué a gritarte y pedirte que de mi lado te marcharás,
mas cuando la multitud ahogaba mis ideas, mis pensamientos,
se convirtió en una obsesión el poder tenerte como mi única compañera,
No sabía lo que era vivir sin ti, no sabía que fui egoísta muchas veces, pues no fue tu culpa,
fue culpa del silencio, que ilógicamente aunque tu te llames soledad, él es tu compañía,
Silencio que no dejaba mis noches fueran tranquilas,
pues hacía más ruido en mi cabeza, que una orquesta completa, desafinada, siendo una pesadilla,
Oh soledad, si yo pudiera nuevamente tenerte, y le temo, le temo profundamente a tu compañía,
la que a veces pido de vuelta en medio de mi agonía, olvidando lo vivido aquellos días,
Días donde vivir no tenía sentido, donde ponía a prueba mi existencia,
ya que fue justo cuando te marchaste que descubrí que valía la pena por quienes conmigo estaban,
Mis noches no fueron nunca más amargas y aquella bulla absurda causada por el silencio que contigo andaba, nunca más invadió mi mente, pues mis pensamientos tenían dueño y el futuro miraban,
Hoy, mientras por mi ventana el cielo observaba, me volví a topar con tus matices,
los cuales me hicieron recordarte y sentirte,
fue entonces que me di cuenta, que nunca te marchaste, pues te siento, aún existes,
Todo ha sido un espejismo, sin ser nuevamente tu culpa,
me he engañado yo mismo, al creer que estando acompañado te marchas, cuando solo te ocultas,
Observándome has estado siempre, cautelosa, esperando el momento preciso,
ese que justo donde se detiene por un segundo mi respiro,
tu me abrazas fuerte, haciéndome tener ganas de llorar sin ningún motivo,
Ya no te pido que te marches, no gritaré más que te alejes, tampoco te extrañaré al sentirte lejos, pues he aprendido a vivir rodeado de gente y sintiendo la soledad.
"La soledad más profunda, es aquella que puede sentirse estando aún acompañado"
-Simplemente Eli-
Imágenes de mi propiedad, capturadas con un Samsung Galaxy A20s, sin edición. Poesía de texto libre de mi autoria, exclusiva para Hive.