Te prometí la luna,
y tú me diste el universo.
(Anthony T. Hincks)
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Hermosa, preciosa,
maravillosa, grandiosa.
Y es que no eres cualquier cosa.
Siempre emerges como diosa,
para hacer de nuestra noche
una cosa esplendorosa.
Tierna y dulce compañía,
de los amantes que cada día,
con tu luz así también se abrazan,
entre el amor y la dulce plegaria.
Del loco amante
que haciendo gestos te señala,
sabiendo que no eres más que la antesala,
de una noche de amor, incontrolable.
Tristes corazones, así maltratados,
por un amor que ya pasó
y su dulce estela me dejó,
para restregarme siempre este dolor,
de saber que más nunca mío serás.
Dejando el amor, doy un paso atrás,
y me refugio en tus rayos cálidos, generosos,
que mi piel rozan entre el suave gozo,
recordando aquella mirada color canela,
cuando con tu dulce luz nos cobijabas
y borrabas de allí a cualquier pena.
Extraño aquellas noches aterciopeladas,
dónde entre sábanas y amor,
compartíamos pieles y también calor.
Presos de una pasión incontrolable,
que al corazón termina haciendo amable,
y de un tajo te cambia la mirada,
en otrora dulce y apasionada,
para vivir al lado
de una vida que como tú,
también se muestra así, enamorada.
Dulce luna, amable y tierna,
capaz de ocultar todas las penas,
en tu bella magia y gran encanto.
Y es que no soy capaz de llegar a tanto,
cuando entre tus dulces rayos y tu tenue luz,
se desvanece por fin aquella cruz,
que de tanto cargarla,
ya parte de mí se volvió.
Hoy te miro esplendorosa
y así grandiosa,
entre mis recuerdos
y quizás algunas cosas,
que mi vida hacen muy lento pasar.
Sin embargo, en tu mirada
siempre veo el reflejo de mi alma enamorada,
que entre noches de luna se entregó,
sin arrepentimiento y con gran pasión.
Y que recordando,
viéndote allí tan hermosa,
no puedo hacer otra cosa,
que mirar de frente el camino,
afrontando, sí, mi destino,
y agradeciendo siempre
tu dulce compañía.
Hoy solitaria debo seguir, alma mía,
dulce luna, mi bella luna,
cómo tú, por siempre,
no habrá jamás ninguna.
Tú por siempre,
mi nostálgica luna.
Hay noches en que el cielo te regala uno de los brillos más hermosos y especiales de la naturaleza. Noches de insomnio o de alegría, esas en que la luna brilla y se recrea en el alma, unas veces llena, en otras vacía, de quienes, enamorados de su brillo, suelen contemplarla y hacen fluir los más bellos sentimientos o quizás la nostalgia, a través de la poesía.
La luna ha sido, siempre, inspiración de incontables amores, algunos felices, otros imposibles, generando sentimientos que pueden ir desde la inmensa felicidad a la más increíble nostalgia. Soy una amante fiel de este astro de la vida, en la que a veces me inspiro para plasmar líneas que reflejen el goce de mi corazón por tenerla enfrente y disfrutar de su hermoso brillo y su especial energía.
El día de mi cumpleaños en este año (13 de julio), pude disfrutar de este hermoso regalo en la noche callada y tranquila, en la que se me ocurrió hacer esta pequeña poesía desde el agradecimiento en mi alma. Siempre podemos hacer inspiración, viva y auténtica, desde todo aquello que nos es regalado sin pedirnos nada a cambio. Las cosas sencillas de la vida son las que generan mejores y más veraces sentimientos. La luna, mágica luna, es una de ellas.
Gracias por acompañarme en este rato de inspiración y nostalgia, desde uno de los elementos que más disfruto y atesoro a la hora de expresar mis sentimientos a través de unas cortas líneas.
Me gusta pensar que la luna está ahí,
incluso si no la estoy mirando.
(Albert Einstein)