Todo hombre es como la luna:
con una cara oscura que a nadie enseña.
Mark Twain
Fuente de la imagen principal (Chikilino en Pixabay)
Noches de intensa locura, de aquellas que vivías
y sabías que no te darían cura.
Cura de tanta oscuridad compartida,
cuando al mirarte encima de mí,
siempre altiva y luminosa,
sabía que al fin sucumbiría,
a tu luz tenue y también misteriosa.
¡Oh, dama tan maravillosa! Altiva y hermosa,
en un cielo oscuro, regalando destellos,
ligeros pero también bellos,
que al final de la noche me hechizan con su magia,
alquimia generosa que transforma mi alma
y la vuelve impetuosa, salvaje, pero a la vez maravillosa.
No es tan fácil decir no a tus encantos.
¿Por qué me haces sufrir tanto, cuando entre nubes negras te escondes?
Haciendo llorar a mi alma salvaje e inquieta,
cerrando aquella, la única puerta,
la que tenía ocultos mis secretos más oscuros.
La oscuridad que, en momentos, de mi alma se apodera
y me hace volver una fiera, irreconocible, salvaje y loco.
No puede ser que por nada y por poco,
pierda la cordura y nada de mí mismo sepa.
Vagando por las calles de una gran ciudad,
me pierdo muy a ratos en la oscuridad,
buscando tus rayos sin poderlos encontrar.
¿Por qué me haces tanta maldad y me desfiguras?
Para dejarme luego aquí así y a oscuras,
sin un rayo de tu luz que a mi alma devuelva la tranquilidad.
Odio este ser en que me has convertido.
Dama dulce, tirana y que has abolido
en mí, todo rastro de humanidad,
para en un animal salvaje convertirme
y llevarme así a ser y actuar.
Salvaje a la luz de la luna.
Romántico cuando soy humano, y como mi alma ninguna.
Alma llena de sentimientos nobles que a una dama persiguen,
y con mis dulces palabras, las lanzo a ver si
de alguna forma coinciden allí en su duro corazón.
Mujer de piedra, has construido ante mí un muro.
Uno que se derriba cuando en las noches de luna,
así como este ser salvaje, mi otra mitad en el celaje,
furtivo, entra a robarte el sueño,
para convertirme al fin en tu único dueño,
despertando a tu lado, siempre fiel y enamorado,
nadando en tu cálido cuerpo.
No sabes quién soy y no me reconoces,
tras la piel luminosa de la luna,
esa que mi ser salvaje despierta
y condena a vagar por las noches eternas,
de una ciudad tan grande como ninguna.
Con sigilo entro por tu ventana.
Allí me esperas esplendorosa, mi bella dama.
Entre tules blancos y de seda que te dan un aura especial.
No puedo para nada tener que esperar. Tu piel temblorosa me llama.
Quiere que encienda la flama que a tus entrañas hacen explotar.
Pasión desbordada bajo la luz de la luna.
Pieles sudorosas al calor de la llama.
Cuerpos que se juntan entre sábanas allí en tu cama.
Yaces descansada y con el gozo en la mirada.
Placer infinito que sacia mis instintos y me hace escapar,
antes que la tan temida alba pueda en algún momento llegar.
Duermes allí tendida, dulce mujer, niña perdida.
Te dejo al fin y me voy, antes que el mañana pueda convertirse en hoy.
Vago por la gran ciudad.
Corro antes que el alba me pueda alcanzar.
Dulce amor, vago amor, tan solo piel y pasión.
Señora Luna, mi bella Luna.
Llega la alborada y ya te vas,
y así tan solo ya voy dejando todo atrás.
Llego y reposo del dulce gozo. Cierro los ojos,
y con ella quiero soñar. Hasta una próxima noche,
donde juntos entre sus sábanas podamos volver a estar.
Señora Luna, mi oscura Luna.
Hay instantes en que me ataca la fantasía. Esos en que la imaginación de un escritor hace aparición y comienzan a fluir las ideas que menos imaginas y echas a danzar las líneas para así un poema armar. Suele ocurrirme cuando hago poesía. Para nada me considero versada en este arte. Lo que hago fluye desde la espontaneidad del alma y de esa parte de mí que suele volar imaginando mundos, situaciones y momentos.
La luna es una fiel acompañante de muchos poemas y situaciones de romance. Ayer había una bella luna, luna llena esplendorosa. Cerrando los ojos, imaginé a un hombre que con el roce de los rayos de esa maravillosa señora de la naturaleza, toca su alma y lo convierte en un ser de la noche. De esos salvajes que sin reproches, danzan por la gran ciudad para llegar donde la mujer amada y así sus almas poder conjugar. En un aura misteriosa y ardiente, que pasa del dulce sentimiento, al roce salvaje de dos cuerpos hambrientos de deseo, de pasión en un momento.
Dedicado a todos aquellos apasionados que como yo, vuelan en un mundo alado, imaginario y cálido, desde el alma vertiendo en el teclado, emociones, sensaciones, deseos y pasiones que quizás viven en su alma y nunca se atreven a expresarlas.
La poesía es eso, pasión, imaginación, momentos, sueños, situaciones fugaces, que al alma le hacen fluir, para entre letras poder conseguir plasmar, todo aquello que por tu mente llega en unos segundos a pasar. La magia de la poesía es cerrar los ojos y leer, sintiendo cada línea en rima o en verso así en tu piel, y sentir que todo el universo cae rendido ante ti. Con satisfacción plena eso sí, de regalar emociones a quienes acuden y te leen y sonriendo te dicen rotundamente un Sí.
Hay noches en que
los lobos están en silencio
y aúllan a la luna.
(George Carlin)
Gracias por tomarse un tiempo para esta lectura
Gif creado y obsequiado por mi amiga .

Fuente en el blog de @thealliance
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