En ocasiones escribir es un acto terapéutico.
Percibes esa necesidad de sentarte y escribir, un punzonazo; como poseso dejas que las letras formen ese "algo" que al final podrás llamar ¿poema?
De ahí, de esa sensación, surgió esto. Dos poemas, relegados al olvido, como todos sus antecesores, y que hoy, no sé por qué razón, decido publicar aquí.
Lo haré en español, que es mi lengua nativa, porque al traducirlo con una herramienta perderá el sentido literario.
Agujeros en la pared
Los agujeros en la pared son círculos viciosos
palabras que rompes con cada martillazo,
noches como migajas en el camino
hacia esta casa que come de mis entrañas,
de mi cerebro pendiente al caos en tus pasos.
Mientras te aferras al sillón roto,
al piano silenciado,
a las plumas mustias en el jarrón;
el negro instintivo de mis ojos ansía un golpe brutal,
algún ruido que traspase mi migraña
o quizás
quién sabe
otro agujero que derrita la casa
devolviéndonos a esa cima
donde nunca
terminamos de caer.
Mater Nostra
El aullido de la vida crispó los pilares de la noche,
desgarró el vientre por última vez.
El instinto, mensajero furtivo
vistió el hábito negro
retumbó la casa.
Lo supo entonces,
los hilos destejidos de su ternura yacían
inertes
silenciados.