Si me esperas,
al recodo del crepúsculo
habremos de dar rodeo
torciendo discretos
los deseos de santidad;
quiero tomar tu mano
prisionero de ella descifrarte
entre sequías revoloteando
el claustro del orbe meridional.
Si me esperas,
en la bruma noctívaga
los vestigios que fuimos
cegarán la coherencia del tiempo,
desgastaré tu espalda
Singlando en ella sinuosos besos
tumbados, tratando de atrevernos
ataremos el frenesí al espaldar
del ajeno hogar de la doncella.
Sé que me esperarás
el amanecer ulula la coincidencia,
los silencios interrogantes
se vuelven cadencias cautivadoras
sí navego tu falda,
mis dedos danzarán al compás
de la respuesta ubicada;
no habrá reposo del verbo
porqué tú,
serás la cándida ensoñación
de mi estadía.
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