No es un secreto que la movilidad en Monterrey y su área Metropolitana es un total caos. No importa que vallas en tu propio automóvil, en camión o incluso en bicicleta, a las horas de mayor demanda es un enorme estacionamiento, de no ser por supuesto que de cuando en cuando, se mueve un poco.
Últimamente, quiero decir, en el último año parece que la población se ha triplicado, la migración interna está más fuerte que nunca, una gran cantidad de connacionales han venido a hacer de Monterrey su nuevo hogar, pero además, ahora se ve por acá una gran cantidad de extranjeros tratando de llegar al norte.
Con todo eso, la travesía para llegar al trabajo se ha vuelto aún más penosa. Hace unos días me tocó suerte y tome un camión que aún tenía un lugar libre para sentarse, después de una hora de espera el descanso me callo como perlas, pero poco me duró el gusto pues el chófer decidió detener la unidad con la escusa de una falla mecánica.
-Bajen todos a esperar otro camión, este ya se descompuso- dijo el chófer en voz alta.
Todo mundo sabía que eso no era cierto.
-Lo que quieren es que vayamos todos amontonados- reclamo una señora bastante molesta.
No importa cuánto reclamarán, de cualquier forma tuvimos que bajar.
Media hora más tarde, al fin llegó otro camión, pero como de costumbre, ya venía lleno. Como pudimos nos fuimos acomodando para no llegar tarde a trabajar.
Ya de camino me di cuenta de que este chófer venía más molesto que el otro pues conducía como si no fueran personas los que llevaba.
-No llevas vacas- le gritó molesto uno de los pasajeros.
El chófer ni contesto ni cambió su actitud, al contrario parecía divertirse con los comentarios.
No importaba que el camión ya viniera muy lleno, seguía levantando más pasajeros, yo venía todo torcido, un brazo abajo atrapado entre la gente y el otro arriba tratando de agarrar un tubo para no caerme. Los pechos de una señora apretados contra mi axila, mientras los labios una jovencita se restregaban en una de mis orejas, pero no era más que un día común y corriente en un camión urbano en la ciudad metropolitana de Monterrey y todo para ganar poco menos de la mitad que mi anterior trabajo, porque han de saber que los salarios han bajado bastante por acá pero bueno, esa es otra historia.
It is not a secret that mobility in Monterrey and its metropolitan area is total chaos. It doesn't matter if you go in your own car, by bus or even by bicycle, at peak times it is a huge parking lot, except of course that from time to time, it moves a bit.
Lately, I mean, in the last year it seems that the population has tripled, internal migration is stronger than ever, a large number of compatriots have come to make Monterrey their new home, but also, now there is a large number of foreigners trying to reach the north.
With all this, the journey to get to work has become even more painful. A few days ago I was lucky and I took a bus that still had a free place to sit, after an hour of waiting the rest shut me up like pearls, but the joy did not last long because the driver decided to stop the unit with the excuse of a mechanical failure.
"Everyone go downstairs to wait for another bus, this one has already broken down," the driver said aloud.
Everyone knew that was not true.
-What they want is for us all to go in a pile- demanded a rather annoying lady.
No matter how much they will claim, we had to go down anyway.
Half an hour later, another bus finally arrived, but as usual, it was already full. As we could, we settled in so as not to be late for work.
Already on the way I realized that this driver was more upset than the other because he drove as if he were not carrying people.
"You don't have any cows," one of the passengers yelled at him annoyed.
The driver did not answer or change his attitude, on the contrary, he seemed to be amused by the comments.
It didn't matter that the truck was already very full, he kept lifting more passengers, I came all crooked, one arm down trapped between the people and the other up trying to grab a tube so as not to fall. A lady's breasts pressed against my armpit, while a young girl's lips rubbed against one of my ears, but it was just an ordinary day in an urban truck in the metropolitan city of Monterrey and all to earn a little less than half of my previous job, because you must know that salaries have dropped a lot around here, but hey, that's another story.
Historia corta y dibujo