Yo, Adam Kadmon, viajero atemporal de las esferas, que ahora llaman dimensiones, me dispongo a emprender mi viaje 5784. Apenas regresé el viernes al anochecer en mi nave RESET-SANAR para presentar mis respetos frente la Corona y enfrentar su juicio.
Hábil en mirar desde el otro lado del espejo, tengo aún tropiezos en quedarme en el cristal y a la vez interpretar la imagen y el reflejo. Los dos somos ciertos desde esta perspectiva y cada uno reivindica su realidad, asegurando que es el otro, la copia y yo, el original.
Tanto, tanto tiempo sin cruzar palabra con un humano de la talla de aquel pescador de Luria. ¡Cuanta luz, que pocos iluminados!
Fuente Adam Kadmon (retrato hecho a mano) Docente68
Viajé solitario de la luz a la oscuridad en carrera infinita, que ya no es subir o bajar como soñaba el caldeo aquel, o caso fue el hijo, no, el nieto del caldeo, el que luchó una noche entera por una respuesta.
Que cosa curiosa, mientras viajo en la nave, todo lo sé, tengo en mis manos todo el saber y al llegar aquí, o ahora, no entiendo qué pasa, olvido tantas cosas.
Lo mismo que a las almas humanas, al cruzar y nacer al mundo, el toque en su boca, los hace olvidar y es todo empezar a llorar.
Juicio y guerra, no. Recompensa y ajuste. Las instrucciones son:
Sembrar el Dar y disfrutar de la ajena felicidad.
Agradecer antes de recibir, seguridad en que nada se negara.
Todo como a ti mismo, ni menos, ni más.
Casi listo para el viaje, una noche y un día de ayuno mental, todo listo, con trompetas, fiesta y manjares. Otra partida, ya faltan menos para integrar.
Nada irreal existe y la jornada iniciada tiene el final asegurado.
Ya en la puerta una voz me grita: ¡Ponte los zapatos al revés, pero las trenzas átalas bien!
No lo sé, más tarde, tal vez. Algo tiene que ver con un mapa, un sendero.
Aaaah el área de confort. Traspasada la puerta ya lo sé todo, pero me toca callar.