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Un rubro por las molestias,
dos por las consecuencias.
Tres rubros por ofrenda
y su sangre para un instante verla.
Angustia diaria malsana,
crepitante cual raíz de las llamas,
acabar con aquello reclama
la vid de su esencia opaca.
Serenidad total ansía,
ya jamás despertar a la pesadilla.
Porque pesadilla vive cada día
y cada noche se esconde en la neblina.
Aquella neblina que le marchita
el casi extinto motor de su alegría.
Aclamen, demonios, su agonía...
rían, ángeles, de su desdicha.
~Abyss B. C.**
(Pintura: San Francisco de Borja y el moribundo impenitente - Goya)