Aprendamos a decir no, al igual que damos el sí, el temor de sentirnos rechazados nos insta a decir lo contrario de lo pensado y el grito desgarrador de nuestro ser interior connota desilusión y hasta confrontación con nuestro real sentir.
Él no es una manera colmada de sincera honestidad y la verdad es lo que nos hace libres y nos dignifica como seres pensantes.
Cuantos de nosotros por miedo a herir callamos y damos como aprobado algo que no tiene fundamento existencial para nuestro presente y en el futuro somos víctimas y hasta victimarios de algo que no debió existir.
Aprendamos a decir no, tanto sea a fundamentos que carecen de veracidad y testimonien pronunciamientos carentes de lógica y nos envuelven en esa posible mentira.
Revisemos nuestros arrepentimientos por no haber sido honesto al validar o rebatir un sí o un no, nos sorprenderemos de ver cuánto nos involucramos con algo que jamás pensamos realizar, decir o aceptar.
Él no es un símbolo de pare, que se debe respetar, y aceptar en el largo trayecto existencial de cada Ser, aunque se puede dar motivos concretos para cambiar ese no inicial, pero jamás de apremios, justificaciones personales pues la libertad del otro finaliza, en mi derecho de libertad y así viceversa con el prójimo.
Decir no estoy de acuerdo, no significa un acto desleal pues es una consideración personal que se debe respetar, pues lo que está bien para el otro, tal vez no está bien para mí, y si hay realmente un lazo de amistad, amor, familiar, etc...es preponderante la sinceridad.
Aprender es lo único que tenemos como realidad absoluta en este plano llamado vida, porque vamos aprendiendo hasta en el último respiro, lo que nos brindó y brindamos, lo que nos faltó y lo que hubiéramos querido hacer, el adiós siempre trae consigo dolor, pero ante el último adiós deberíamos haber aprendido que hubo un tiempo destinado para cada cosa y la obstinación nos limitó, tampoco será tiempo para sentir pena por no haber pedido perdón, pues se perdona y se demuestra con hechos, no con palabras al vernos sitiados por el halo de la muerte.
Aprendamos a sanear nuestras actitudes hoy, ahora mismo pues nunca sabremos que pasará después de nuestro próximo respirar.
Decir no, es un gran acto pues no brindamos falsas expectativas y si decimos sí, será como un contrato en el cual se involucran dos partes, la honestidad y la aceptación.