Lo sé es fácil odiar, juzgar, ser implacable con el adicto, con el drogadicto, con el alcohólico, solo imaginar que esas personas con una línea de cocaína podrían matarnos un hijo o realizar cualquier perversión.
No dudamos en pensar que sería más simple erradicarlos de la faz de la tierra, que deberíamos fumigar para que caigan como hormigas, pero...y seguro acá me cargo una pila de contrapuntos, no es la droga, el asesino, el ladrón, el violador, siempre fue eso, la droga es un momento de debilidad que luego se convierte en destrucción, un ratito de joda del que no se puede volver...
Y no lo digo porque me haya drogado, no como es usual, pero soy adicta al cigarrillo y preferí muchas veces las sobras de uno ya fumado a una fruta, si bien no me faltó jamás, no sé qué haría si no tuviese.
También, en un momento extremo de mi vida opté por pastillas que me alejaran de la realidad y solo yo sé cómo luché para dejarlas.
Muy cerca mío, en un lugar donde el amor se confunde con el miedo, donde solo estábamos Dios y yo, también pude ver sus efectos en un ser muy querido...
Por eso digo, por decir algo, cada caso es diferente, todos empiezan por algo, todos quieren y no pueden luego salir, todos son dominados por esa adicción, pero los culpables, la causa sobre la que deberíamos poner nuestra mirada, nuestro rencor es el comercio que eso significa, dinero.
El que ofrece droga a un niño para que no sienta hambre o frío, sabe que le dará mucha más ganancia que si le diese un plato de comida y abrigo, sabe que ese chico mañana hará cualquier cosa por conseguirla.
Sigo sintiéndome impotente y en una lucha constante, el mundo de la droga sigue día a día merodeando, antes a mis hijos, ahora a mis nietos y seguro me voy a morir sin poder evitar que muchos de los niños que veo nacer se pierdan en esa oscuridad...