Había una vez una familia de leones, formada por papá León, mamá Leona y tres leoncitos.
Papá león era muy severo con sus hijos por ser el rey de la selva, por naturaleza no les perdonaba a sus hijos ningún error por más simple que fuera.
Papá león, le exigía a su familia que todos tenían que ser dignos de tan noble titulo heredado desde hacía siglos.
Pero el leoncito del medio, no estaba conforme con su título de rey nada más que por ser un león.
El sentía que para ser Rey tenía que ser por sus propios méritos, además él no estaba contento de ser la fiera que le imponían sus padres.
Un día se puso a pensar:
-Ya soy un adolescente, de bravo tengo lo necesario para defenderme, pero tengo una inquietud muy grande en mi mente y en mi corazón, me gustaría divertirme y divertir a los demás.
Un día tomo la decisión de hacer lo que le gustaba y se presentó delante de su familia que estaban descansando en el jardín de la casa y aprovechando ese momento, empezó a dar vueltas tratando de agarrar su cola como si fuera un perro, luego se paró y empezó a caminar con las dos patas delanteras y el cuerpo hacia arriba.
La familia de leones no salía de su asombro, quedaron mudos por un instante , de pronto gritó mamá Leona:
-Mi pobre hijo se ha vuelto loco.
Todos pensaron lo mismo y decidieron prestarle atención , sus hermanos lo cuidaban y le preguntaban que le sucedía, pero no les contaba nada.
La mamá se quedó muy preocupada por esa actitud de su hijo, ella quería saber para así librarlo de un castigo por parte del padre, pero el leoncito seguía sin contestar.
Pasaron unos meses y toda la familia estaba segura de que el leoncito estaba bien y se olvidaron del asunto.
Otro día cuando la familia estaba reunida, como era su costumbre, se presentó el leoncito, de una manera diferente se había mandado a hacer un corte de melena con su amiga la ardilla, ésta le dejó un lado más corto.
El papá al ver a su hijo así se puso tan furioso que lo botó de la casa y le dijo:
-¡No te quiero ver más en mi vida, porque no eres digno de ser un león!
El pobre leoncito se fue, caminó y caminó por varios días hasta que por fin llego a una carretera, estaba tan cansado que se echó a dormir detrás de unos arbustos que estaban cerca de la calle.
Tenía un buen rato durmiendo cuando de pronto oyó un bullicio, salió hacia la carretera y vio que era un circo, el no sabía qué era eso pero se alegró al ver aquello, habían leones, tigres, elefantes, monos, y payasos, entonces, se atravesó en medio de la calle y empezó a dar vueltas y a pararse en sus dos patas traseras, luego se puso a bailar y hacer cuanta pirueta se le ocurría.
El dueño del circo y todo el personal quedaron encantados con lo que veían y en particular el corte de su melena.
Fue tan maravilloso, el espectáculo que había realizado el leoncito que enseguida lo invitaron a formar parte del circo.
Él aceptó y se fue con ellos llego el día de la función, la actuación del leoncito fue todo un éxito. En las siguientes presentaciones asistieron gentes de todas partes, a ver tan divertido y excelente actuación realizada por el joven león.
Éste había desplazado a todos los animales y también a los payasos. El circo se enriqueció de manera tal que el dueño muy contento decidió ponerle el nombre de "Leo el Rey del circo".
Y así fue como se le cumplió al leoncito la meta de no ser Rey por ser león si no por sus propios méritos.
Cuando su familia lo supo lo aceptó con orgullo y todos fueron felices.
Y este cuento se acabó…