Recuerdo una pareja que tuve de joven. En aquel momento no era consciente, pero cuando gané un poco de perspectiva me di cuenta de que era una pareja altamente tóxica.
No fue un proceso fácil, requirió de tiempo y de la ayuda de otras personas. Algunas personas cercanas a mí lo adoraban, otras me hacían ver que me estaba maltratando y yo, ingenua, quería quererlo y le justificaba todo.
A menudo damos por normal lo que no es normal. Nos acostumbramos a todo, nos aislamos de nuestro entorno y creemos que no tenemos otras alternativas.
¿Sabías que una de las características de una relación tóxica es que te provoca inseguridad y falta de confianza en tu criterio?
A veces estamos confundidos, a veces nos cuesta asumir la realidad y a veces dudamos de si estamos siendo objetivos o no, pero mi mejor consejo es que salgas de dudas para poder imprimir un giro a la relación o bien para poder poner fin a una etapa de sufrimiento y dolor.
A menudo necesitamos de algo o alguien que te ayude a salir de dudas y a ganar en bienestar emocional.
Nadie nos enseña a amar, ni a analizar a las personas, ni a ser amados. Amamos como podemos y a veces confundimos la pasión con el amor, a veces nos enamoramos de un ideal, a veces confundimos el amor con la admiración, la protección o la obra social y a veces, la persona de la que nos enamoramos ha cambiado y ya no es lo que era.
A veces las relaciones se complican y lo que tenía que ser algo bonito acaba siendo algo parecido a una tortura; pero lo cierto es que cuesta mucho reconocer que la persona a la que quieres y que supuestamente te quiere, te está haciendo daño.