Al ver la televisión, mi hermanita y yo, observamos en la otra parte del mundo, lo bonito del verano.
Vimos: un sol radiante, la pradera, el campo; y la montaña que se despoja de su traje blanco y frío para vestir su nuevo traje de colores cálidos. Las personas con sus pequeños manantiales salubres que brotan por sus poros. El cielo muestra los planetas, las estrellas y las cometas. Y una luna que se baña con los rayos luminosos del sol.
Los árboles son mosaicos de colores con matices de hojas verdes, anaranjadas, amarillas y rojizas. La tierra seca anidando la belleza del pájaro trapaza. El lago congelado que se deshiela porque llegan los rayos del sol con sus picos como de gallos y pájaros carpinteros que picotean el hielo, lo destrozan, lo derriten y lo vuelven agua.
Ella, mi hermanita, ignoraba por qué el sol no salía a plenitud en nuestra tierra; al menos, un sol ardiente y resplandeciente.
Le dije, para que me comprendiera, que:
-La tierra es como una pelota de fútbol; la rayamos con un marcador por la mitad, una parte superior y la otra parte inferior. Lo que sé, y es lo que he aprendido en la escuela, es que estamos en un hemisferio muy frío que se llama septentrional (polo norte); aquí no entiendo muy bien, pero creo que también le llaman hemisferio boreal (igual, polo norte) es la parte superior de la pelota de fútbol. Y la parte inferior, la llaman hemisferio austral (el polo sur). Viste, es sencillo.
Me respondió, con un gesto negativo de la cabeza. Comprendí que, tal vez, no le había explicado muy bien. Y le insinué, que no se preocupara, porque esos temas los aprenderá cuando llegue la edad para ir a la escuela.
-Bueno, te puedo adelantar algo —le dije—. Antes de que te lo expliquen en la escuela; y es lo siguiente:
-Si quieres, puedes partir, con un cuchillo, la pelota de futbol en dos pedazos, un pedazo superior (de arriba) y otro inferior (de abajo).
Y, mi hermanita sonrió, lo entendió. Y aproveché la oportunidad para seguir explicando:
-El verano es la época más calurosa del año. Lo que vimos en la televisión es el hemisferio austral (el polo sur). Hermoso, verdad.
—Me gustaría vivir un verano austral; un pedacito de verano— me dijo.
—Aquí, en el polo norte, no se puede, no es igual— contesté.
— ¡Y si lo inventamos! —Me lo dijo de inmediato.
Y lo dijo con mucha ingenuidad; pero, me sorprendió porque también lo expresó con mucha seguridad y firmeza.
Y además, insistió:
-Aquí siempre está nevando. Podemos inventar, esta noche, un verano a nuestro gusto.
No tuve más opciones que seguir su imaginación de niña. Y me dejé guiar por sus deseos infantiles. Le expresé mi solidaridad y mi apoyo:
-Está bien. Yo hago la fogata grande, cuadriculada y familiar; utilizaré la técnica de los leños parados como guerreros para un fuerte combate contra el frío de la noche.
Ella se acercó, a prisa, y me dio un abrazo.
Se entusiasmó más; y comenzó a planificar algunos detalles:
-Antes que lleguen nuestros padres, sacaré para el patio, los catres de lona y madera donde dormiremos. Buscaré todas las cobijas y mantas gruesas y ropa de cuero.
Ellos, mis padres, llegaron al atardecer.
Se quedaron sorprendidos por lo que vieron. Le contamos nuestra historia de lo que se trataba. Y al principio, estaban un poco escépticos, por lo extraño del invento; pero, al fin no se complicaron mucho y lo aceptaron. Ahora, todos estamos unidos, conseguimos el consenso familiar, para convertir esta noche en un verano inolvidable.
La tarde se prolongó y llegó hasta la profundidad de la misma noche. Quería impregnar su frío en el patio de la casa.
Actuamos rápidamente. Encendimos las fogatas. Y el cuadriculado de los leños quedó encendido. El ambiente se iluminó. Sentimos el calor de los cuerpos y las fogatas.
Y disfrutamos —como niños encantados— un verano en el polo norte.