Esperamos del exterior de nuestro Ser la llegada oportuna y sanadora de nuestros conflictos existenciales y no, nos percatamos que la puerta de acceso y liberación está dentro de nosotros mismos.
Somos los creadores absolutos de nuestros aciertos y desaciertos, dado que todo lo que nos acontece es avisado con cierta certeza y hacemos caso omiso a esos avisos, por creer más en nuestra necedad del yo.
Esperamos señales divinas contemplando el exterior y lo divino está situado en nosotros mismos, pero debemos dar lugar a nuestro interior que se proclame sin el ego del yo.
Nada somos exteriormente dado que no representamos existencia después de la partida, pues somos mucho más espíritu que materia, porque nuestro cuerpo desaparecerá, pero quedaremos impregnados en quienes amamos o departimos nuestra esencia a través de nuestro gen, por más tiempo que lo existido físicamente.
Esperamos y el tiempo acaba con cada halo de respiración y si en esta espera nos desespera el tiempo transcurriendo sin pausa, no será hora de ir en la búsqueda de lo existente en nosotros y decir aquí estoy sin ansias de perder más el tiempo, por algo que jamás llegará y no hablo de falto de esperanzas, hablo de certezas...Y lo cierto esta más cerca de lo que creemos.