Perder, término que no deseamos vivir aunque las pérdidas no son derrotas definitivas, porque tras la pérdida afloran enseñanzas que nos enaltecerán sin lugar a dudas, lo primordial ante esta situación denominada perdida es comprender que somos seres batalladores ya desde el principio existencial, pues más allá de nuestra conformación física y existente como seres vivos, se batalló muchísimo para lograr lo que representamos,
Además de nuestro recorrido como espermatozoide batallando un lugar para conformar el que hoy soy.
Las perdidas suelen ser significativas porque nada queda igual, es como si una copa de cristal se nos cayera, y se rompiera en muchos fragmentos, ni aun pegando cada pedazo de cristal, podríamos reconstruirla igual, entonces nada es igual ante una perdida y como carecemos de la posibilidad de caminar hacia atrás para evitar esa pérdida o valorar lo que se perderá indefectiblemente, porque el tiempo lo delimita de esa manera.
Sufrimos y nos cuestionamos, porque no pudimos frenar lo perdido y entonces llega la calma tomando como un sano aprendizaje que nos expone lo frágil que somos, permitiéndonos a comprender que el tiempo, nos dará cierta resignación a lo acontecido.
La pérdida es algo constante en todo lo que nos rodea y somos parte absoluta en esta tierra, pues con cada respirar hay segundos de existencia que ya no volverá.
Con cada pestañeo todo se modifica, nuestro cuerpo, nuestra mente y hasta nuestro espíritu sufre modificaciones, algo que tal vez no deseamos saber, pero hasta nuestra voz al expresar algo queda en el pasado y si nuestra voz la alzamos, sin pensar, negamos el gran mandato filosofal de primero pienso después existo, algo que lamentablemente no lo hacemos generalmente.
Como ejemplo podría enumerar tantas cosas, que nos suceden por culpa de hacer sin pensar y el resultado es como tirar una bola en una ruleta con un solo número apostado, o en el juego más brutal de la ruleta rusa donde hay una bala esperando al desafortunado y así acabar el juego, tan drástica y brutal es nuestra existencia.
Cuando no intentamos pensar antes de hacer o decir, una palabra puede ser esa bala que antes mencioné, que daña y que aconteció por lo que hacemos o decimos.
La pérdidas son constantes, aunque hay perdidas que podemos evitar, solo está en cada uno encontrar en sí mismo, que no debemos hacer o decir, para no ocasionar una perdida más, las perdidas físicas son irremediables, como lo son los engaños destruyendo la confianza y el amor.
Aunque digamos esto es enseñanza, asevero que esto es un fin anunciado como la vida misma, salvo que no deseamos aceptarlo.
Nada culmina sin aviso, pues hasta el morir está predestinado desde que nacemos, a diferencia del desamor o el engaño que nos trae mal recuerdo y deseamos sepultarlo definitivamente.
La pérdida de un Ser nos trae el consuelo, que nos deja solo en el contacto visual y físico, dado que ya no se ira más de nosotros, porque vivirá en nuestra mente y continuará entre aquellos que amó y conoció, pues la muerte es sola física, para quien obró bien en su estadía terrenal y olvido para quien vivió colmado de odio y maldad.
Perder es sinónimo a quedar en desventaja ante quien nos ganó, aunque la única batalla que reivindico es poder seguir amando, respetando al prójimo, a la naturaleza y a mí mismo...