Es un cuento todo aquello de la soledad sin memoria ni que se va a aprender a vivir con ello; si yo a cada instante vivo cada recuerdo, así aprendí a habitarme siempre como ahora cada instante de los miles que aquí tengo, como los vividos sueños en cada tramo de mi cuerpo, de mi atormentada carne.
Subconsciente es que le llaman al vivir así sin tiempo.
Llevo mis memorias siempre en cada tramo de mi cuerpo y vivo sin edad ni cielo.
¿Es en parte el estar loco y es en parte el ser un necio?
Más siempre evitar que anide la maldad en algún hueco, y aun así fue que un descuido parpadear de algún mal sueño fui a parar a esta cascada donde espero tras su lecho.
A veces no camina el tiempo, a veces va para delante pero siempre cuando escribo ni recuerdo si fue aquello, más, después cuando lo leo, cuando palpo los sucesos ya no sé si voy o vengo, solo sé que ahora habito lo que escribí en un mal sueño y ya no escribo, ya no quiero, ya no quiero ni leerlo. Tengo miedo que sea cierto,
La tristeza me devora a pasos siempre lentos y no merezco tu palabra ni tu despedida amable, ni aun a tu amable recuerdo que lo vivo en cada instante que voy volviendo al silencio.
El estruendoso silencio de esta cueva en que me encuentro mientras la cascada cae siempre abajo y adelante yo extiendo mi brazo al cielo a su borde inalcanzable hasta romper los recuerdos y volver donde encontrarte.
Quiero habitar el momento tan feliz de aquella tarde que secuestrarás mis sueños con la hoguera de luciérnagas impregnadas en el aire y a la danza que volares entre mi ala y tu oleaje.