Ayer leí esa palabra y me pareció super interesante. Cuando nos referimos a la temperancia hablamos de dominio propio, y qué difícil puede llegar a ser para nosotros ante alguna situación que tenga que ver con placer, ira y pare de contar.
Recordaba que esta semana pasaba en el super por el pasillo donde están mis galletas favoritas y no me detuve a tomar una... Si, la azúcar... Esa droga que nos hace sentir tan rico llama a veces a mi templo. Con esto no quiero decir que no la consumo, más la evitó y desde que lo hago mi salud ha mejorado mucho.
Los alimentos nos dan placer, y a veces, creemos que es la única manera de conseguirlo y allí vamos, destruyendo el templo que el universo nos ha dado. Esto quiere decir que todo lo que hacemos amerita un equilibrio, nuestra fortaleza y la capacidad de dejar atrás lo que no nos hace bien.
El dominio propio, es realmente un reto cuando el instinto acelera las fuerzas para tener el control. A lo largo de mis terapias he aprendido que soy tan responsable de las cosas que hago y las que permito y con temperancia he tenido la sabiduría de elegir dejar ir lo que me ha enseñado, pero que no te deja avanzar.
Hay momentos en los que alguna situación tiende a mover mi piso, pero estoy tratando de ser más fuerte que ellos. La autoconfianza, la autoestima y el autocontrol son parte de los ingredientes diarios que necesitamos para elegir lo que nos mejora a nivel espiritual, biológico y personal...
La temperancia será siempre un gran reto, una oportunidad para equilibrarnos y buscar siempre lo que los haga sentir en tranquilidad y lejos de las adicciones, esas que poco a poco nos sumergen en sus ramas y nos hacen codependoentes, volviéndose una necesidad, que sin lugar a dudas va trabajando en nuestra contra. Un abrazo 🤗