Siempre pensé que llegar a tener un bebé seria una odisea para mi, y cuando tocó intentar así fue. De todos los intentos, solo uno cristalizó su proyecto de existencia y logró aguantar los 9 meses para salir al mundo triunfador. Así es él, un triunfador y su primera meta que es nacer, ya la alcanzó.
Desde hace unas semanas está en las actividades de promoción para la escuela secundaria, lo que traerá nuevas metas y retos, que aún asustan pero que tengo la certeza logrará superar además. El último trabajo de la escuela fue realizar su proyecto de vida, y ha sido una experiencia fabulosa que, incluso me ha hecho pensar en los míos, reestructurar aquellos que no son posibles y redirigir los que si puedo alcanzar
A veces creemos saber cuál es nuestro proyecto de vida y la misma cotidianidad nos hace alejarnos de el. También podemos idealizar los logros y si no ocurren, llenarnos de tristeza. Por ejemplo, mis padres me decían que debía estudiar para ser alguien en la vida, y eso se convirtió en una de mis metas, pero a veces me pregunto ¿Y si me hubiese gustado ser granjera? ¿Podría estar mal? Entonces es clave que ¡nuestro proyecto de vida sea construido por nuestras intencionalidades, y no las de otros, así sean nuestros padres
Pocas veces además, incluimos en nuestros proyectos a la felicidad, solo pensamos en acciones que den estatus, reconocimientos y dinero. Muy escasas veces le agregamos el mejor ingrediente y es el amor, que llevará a momentos felices. Por eso, en mi proyecto visualizo a mi niño feliz, aunque eso no dependa de mi.