Ensayo que forma parte de un proyecto de libro que no llegó a realizarse desde hace más de 10 años. Ya que he encontrado ese proyecto que tenía olvidado se los comparto aquí. Trato de concentrar mis experiencias de enseñanza en Corea y Estados Unidos.
La enseñanza del español como Lengua Extranjera y los contrastes culturales ¿o interculturales?
(Alfredo Jiménez Fernández)
Nota: Este ensayo fue elaborado para participar en un congreso internacional en el año 2009. Por razones obvias de desempleo no me fue posible asistir.
La llegada a Corea, mis primeras impresiones
Mi estancia en Corea fue enfrentarme a otra dimensión cultural inimaginable. No porque no sepamos nada de Oriente, sino porque una cosa es lo que aprendemos del Oriente en general, China y Japón principalmente, y otra cosa es enfrentarse a tomar un avión para ir a enseñar mi lengua materna, el español de México, sin saber nada de coreano y muy poco sobre Corea.
Mientras viajaba en la aerolínea Korean Air, pude leer en las pantallas colocadas en los respaldos una leyenda invitando a disfrutar el vuelo en la aerolínea «Korean Air beyond your imagination»; y ese vuelo me estaba llevando más allá de mi imaginación.
Y efectivamente, el lugar era ajeno a mi existencia. Cuando llegué y veía a mi alrededor en las calles de Seúl era extraño leer los anuncios, las letras coreanas, símbolos ininteligibles para mí en ese momento. Escuchar la televisión y la radio era escuchar el murmullo de una lengua que no podía comprender. Así empecé a vivir esa otra dimensión que duró tres años.
Enfrentarme a los estudiantes coreanos también resultó repentinamente enmudecedor al enfrentarme a tanto silencio; donde poco a poco fui escuchándome sólo yo.
En mi primera clase, al intentar hacerles decir al menos sus nombres con su respectivo ‘Mi nombre es...’ resultó extrañamente difícil. En el transcurso de los primeros minutos el salón se llenó de un silencio extraño. Me escuchaba a mí mismo y resultaba extraño estar ante un público que no hablaba mi lengua. Pero además resultaba extrañamente silencioso (‘¿Por qué no preguntan algo, lo que sea?’ me preguntaba, mientras pensaba que hacer). Empezaba a sentirme nervioso por esa situación tan extraña. En ese momento pasó por mi mente la presentación en mis clases de francés que suelo hacer en mi primera clase de francés: el grupo en círculo y se presentan uno a uno después de presentarme yo. Así fue como los hice participar en la primera clase. Y yo perdí el miedo a ese ambiente tan callado, tan silencioso.
Fui aprendiendo a tenerles mucha paciencia durante el primer semestre. Una paciencia en la que antes no había reparado. Después me di cuenta que su extremado silencio se debía a la gran importancia del respeto en la cultura coreana, y creo que en la cultura oriental.
Por otro lado, me di cuenta que al estudiante coreano no le gusta ‘equivocarse’. Los errores son prácticamente indispensables en el aprendizaje de una lengua extranjera. La gran mayoría de estudiantes difícilmente participan. Y es porque saben que no van a ‘pronunciar’ bien.
Y por si fuera poco, toda la cultura de enseñanza-aprendizaje está prácticamente basada en memorizar y memorizar desde la enseñanza básica.
Es entonces que uno puede creer en la extraordinaria habilidad para memorizar de los coreanos y que pueden saber de memoria mucho sobre el español: gramática, vocabulario, etc. ¿Y cómo convencerlos que el aprendizaje de una lengua necesariamente requiere de errores si están acostumbrados a memorizar todo aprendizaje desde sus primeros días de educación básica? Y como lo menciona Paul S. Crane esta práctica de memorización «sacrifica el desarrollo de la habilidad para razonar, para resolver problemas, para hacer evaluaciones y para pensar originalmente o independientemente por sí mismos. Esto plantea serios problemas en la vida, especialmente en el campo de la ciencia, muchos estudiantes nunca han sido entrenados para buscar información, para sintetizarlo y terminar con respuestas que se basan en razonamiento inductivo».
Afortunadamente, el cerebro siempre se las arregla para acomodar información nueva. Y podía apreciar cómo se esforzaban los más interesados en aprender esta lengua tan lejana a sus vidas cuando participaban en clase en el desarrollo de pequeños diálogos.
Al paso del tiempo, uno se da cuenta que ser maestro en una universidad en Corea es un privilegio. Primero por el respeto que quizás para nosotros resulta tan excesivo que es difícil que hagan preguntas en clase. Por otro lado, este respeto se refleja en todas partes, y aumenta cuando formal o informalmente te presentas como maestro.
Por otro lado, el colega coreano, se muestra tan respetuoso como los demás. Pero nada más. Si acaso habrá alguna cena de bienvenida después de algunas semanas. Y presentaciones aisladas de los jefes del área de lenguas extranjeras. Sin embargo, el extranjero será extranjero siempre.
Me sucedió que, ingenuamente, después de presentarme con el coordinador me dijo que habría una reunión con los maestros del departamento de español. Lo cual instantáneamente me hizo pensar en una reunión que me incluía. Pero cuando me repitió: ‘vamos a estar ocupados, tenemos reunión’; entonces entendí que no incluía a maestros extranjeros. Me despedí y di vuelta a la puerta un poco confundido.
Algunos tropiezos con mis estudiantes
Una de las primeras apreciaciones que me sorprendió fue la dificultad que enfrentan entre los mismos coreanos para desarrollar la amistad. En una ocasión le recomendaba a un estudiante que practicara con sus compañeros, principalmente con los que eran bilingües. Y me contestó ‘ellos no son mis amigos’. Su respuesta me dejó confundido. Sólo atiné a decirle que practicaríamos más en clase.
En otra ocasión, mientras revisábamos las tareas que me habían entregado por escrito y aprovechando los errores que se presentaban, sin mencionar nombres por supuesto, una estudiante de repente se soltó a llorar. Lo primero que se me ocurrió fue detener la clase y nos acomodamos en círculo para escuchar las opiniones que tenían cada uno sobre la revisión de tareas y el hecho de aprovechar los errores. Creo que mi estudiante se tranquilizó. Después me acostumbré a advertirles que los errores que corregíamos no eran con la intención de hacerlos sentir mal, sino de mejorar detectándolos. Y que el mismo error generalmente se repetía en otros estudiantes.
Habituarse a las diferencias
Para el extranjero es probable que resulte difícil habituarse a la inmensa gama de diferencias a que se enfrenta. Al parecer, el extranjero latino suele acostumbrarse más fácil a la comida coreana. En mi caso, tomó unas semanas, quizás un par de meses, habituarme al sabor de la comida coreana, generalmente picante. Esa característica hacía compartir el sabor picante de la comida mexicana. El kimchi pronto se volvió parte de mi comida diaria, elaborado a base de chile molido que se deja fermentar con repollo. Lo mismo ocurrió con el arroz, tan básico en la dieta asiática como los frijoles y las tortillas en México. Al ir acostumbrando mi paladar al sabor de la comida oriental, me di cuenta que la tierra hace estómagos, y los estómagos hacen cultura. Asistidos por el paladar, los estómagos se regocijan y se alimentan según el punto de la tierra en que nos toque recoger los frutos. Así, un paladar ajeno a una tierra se sentirá tan extraño que las primeras veces no toma sabor alguno al sazón local. Durante mis primeros días, la diferencia de sabor de los alimentos me hacía pensar que en ese punto del continente la tierra se había quedado sin sales y por eso los alimentos resultaban sin el sabor acostumbrado a paladear en México. Debo reconocer que la comida coreana es una de las más saludables que uno se puede imaginar.
El saludo con la respectiva reverencia es quizás una de las cosas que se impregna primero. Aunque a veces uno se queda con las manos en el aire, acostumbrado a saludar estrechando la mano.
Y quizás lo que más pesa en la vida diaria como extranjero es que uno no pasa desapercibido ante nadie. Sin embargo, sólo las miradas lo exploran a uno, los más sinceros en expresar su sorpresa son los niños.
Sorpresas en la vida comercial
En corea uno descubre que el cliente no siempre tiene la razón. Existen códigos tan sutiles que para nosotros resultan incomprensibles o inexplicables. Las anécdotas que recuerdo ilustrarán mejor lo que quiero decir.
Un día quise comprar un vaso con fresas. El vaso con fresas estaba listo para prepararse agregándole agua, azúcar y hielo. El vendedor se negó a venderme sólo el vaso con fresas. En ese momento me pareció inexplicable, quizás un mal entendido. Pero otro día fui con amigos coreanos y les dije que pidieran un vaso con fresas, pero sin preparar. Y me dijeron que así no los vendían.
En otra ocasión, con el inicio de la noche salí a buscar un lugar donde cenar. Las comidas se veían apetecibles en un restaurante que servía con mesas al patio. Me senté y esperé unos minutos a que el mesero llegara a tomar mi orden. Nada. Vi que llegaban otras personas y no me atendían. Entonces me levanté y pedí que me atendieran. Me explicaron o me trataron de explicar que no había servicio. Les señalé que otras personas estaban entrando después que yo. Y aunque no lo entendí en ese momento, pero la razón era que iba sólo. No podían servirle a una sola persona.
Y si uno va de paseo por los diferentes comercios en busca de algún artículo. Después de preguntar en un comercio y si no compras es norma que el vendedor se va a enojar. Te despide visiblemente enojado.
La lengua de Corea
Como maestro de Lenguas extranjeras me interesó aprender coreano, desde el primer momento que supe que viajaría a Corea a enseñar mi lengua. Tomé algunos cursos. Sólo mencionaré brevemente algunas apreciaciones, ya que este espacio no concierne al desarrollo y aprendizaje de la lengua coreana. Primero, es de sorprenderse que el coreano funciona con un alfabeto a diferencia del chino que utiliza ideogramas. En segundo lugar, pude apreciar en mi experiencia que también resulta más difícil aprender una lengua oriental para nosotros, desde nuestro bagaje lingüístico occidental, al igual que para ellos resulta más difícil aprender una lengua occidental. Por último, quizás por efectos de la globalización, en tiempos modernos se han adoptado un gran número de préstamos del inglés y otras lenguas. Por ejemplo, dar vuelta en u se dice ‘yu turnaheyo’.
Enseñar en América del Norte
Viajar a Estados Unidos por un año escolar de intercambio llevó más preparativos que cuando salí a Corea. En parte porque viajamos mi esposa y nuestro bebé. Y en parte por los cursos de preparación por parte de la fundación Fullbright.
Durante los cursos de preparación se hizo mucho énfasis en la cuestión del control de la disciplina con los niños de secundaria y preparatoria; así como aspectos culturales a los que nos íbamos a enfrentar y que muy probablemente nos provocarían algún o algunos ‘choques culturales’. Tanto énfasis en la disciplina me hizo preocuparme mucho con el manejo del grupo de niños de secundaria, en contraste con los grupos de jóvenes que he tenido como estudiantes la mayor parte de mi vida.
El momento de enfrentarme a los chicos llegó. Y como estaba tan preocupado por la disciplina, me basé en un manual que nos recomendaron para presentar las reglas básicas durante nuestro curso. Establecer un número breve de reglas y presentarlas en mi primera clase me dio confianza al iniciar mis cursos. Y de mis cinco grupos, uno resultó difícil desde el inicio. Pero al menos, me pareció ganar la atención de casi la totalidad de mis grupos.
Los chicos siempre hacían algún grado de conversación. Pero no me pareció que fuera algo tan grave en clase. Y hacer reportes para que fueran castigados por indisciplina me destrozaba el corazón, pues me daba la impresión que enviarlos a un cuarto de detención no lograba nada positivo en los chicos. Además, si agregamos que comunicarse con los padres lo más continuamente posible fue algo nuevo para mí, y muchas veces se me olvidaba hacer llamadas para hablar con los padres sobre indisciplina. Así que, con el paso del tiempo, opté por los reportes escritos.
Por otro lado, vivir con mi familia hizo más fácil mi adaptación al nuevo ámbito que nos albergaría durante el año escolar.
Y a diferencia de vivir en Corea, vivir en una ciudad americana fue pasar desapercibido, fue ser visto como uno más de la ciudad. Quiero decir que nadie se nos quedaba viendo sorprendido por ser latino. Pero extrañamente, caminar por las calles de la ciudad resultaba solitario. Es entonces que uno entiende por qué el auto resulta indispensable en la vida americana, pues no hay costumbre de caminar. Sin embargo, pasamos el año sin auto y no tuvimos dificultades para ir de compras o para salir al único cine, o a los dos o tres centros comerciales que solíamos visitar. El servicio público de transporte, aunque no es abundante, es suficiente y de calidad.
Casi a diario acostumbrábamos salir a caminar al lago o a lo largo de una pista para bicicletas. El paisaje era agradable, aún durante el largo invierno cuando el paisaje se transforma en blanco.
Relacionarse con los demás no fue tan diferente a la experiencia en Corea. Mi apreciación personal fue que la sociedad americana es muy individualista. Tal parece que todo está planeado, agendado. El momento de salir a correr, el tiempo destinado a pasear al perro deben estar planeados, un minipizarrón resulta indispensable. Y no hay tiempo para extraños. Por supuesto que en una primera impresión pareciera que están dispuestos a apoyarte en todo. Después, uno se da cuenta que no es así, que es difícil asomarse a sus vidas.
Convivir con colegas americanos fue tener la oportunidad de apreciar cómo funciona una institución educativa de secundaria en una pequeña ciudad de 19,000 habitantes. Guardo recuerdos muy gratos, a pesar de todo. Aunque una relación interpersonal no resulta fácil, el desarrollo profesional tiene un espacio privilegiado, sobre todo cuando sé es un novato en el sistema americano se preocupan en asignar ayuda. En las escuelas se asigna un tutor o ‘mentor’ que va a apoyar al nuevo maestro durante el primer año de experiencia.
El estudiante americano
En contraste con mi experiencia en Asia, la experiencia Fullbright de Intercambio de Maestros me permitió vivir las dificultades que implica enfrentarse a un grupo de secundaria en Estados Unidos y sus implicaciones. El lema de Fullbright por el respeto mutuo entre naciones me daba ánimos y confianza de poder salir adelante durante el intercambio.
Afortunadamente la fundación Fulbright a través de COMEXUS en México nos previno y nos ilustró sobre situaciones de disciplina, de funcionamiento institucional y de diferencias culturales. Pero el respeto que se respira con el estudiante oriental no se puede comparar con el ambiente de una escuela americana, al menos es la experiencia que me tocó vivir al norte del estado de Nueva York, en Plattsburgh. Y la mayoría de maestros del intercambio coincidimos en que la disciplina con los estudiantes era uno de los puntos más difíciles de manejar. Afortunadamente no todos los chicos muestran esta actitud. Algunos son tan angelicales que hasta llegan a pedir disculpas por su comportamiento en clase.
El estudiante americano está privilegiado por el sistema educativo, ya que es el componente esencial de la escuela, se encuentra protegido de cualquier abuso. Y esto se extiende a casa. En el país de la democracia por excelencia las leyes protegen al niño en muchos aspectos. Es probable que esto desborde en poco respeto al maestro en ocasiones. O quizás es una combinación de factores, por ejemplo, es casi normal que un estudiante mencione que el fin de semana no estará en la ciudad porque va a visitar a su padre. El divorcio o los padres separados puede ser otro factor de indisciplina y respeto.
Llegar a la escuela desde la mañana con una sincronización increíble, para mi manera de ver, es una de las explicaciones que uno se puede dar de la importancia que tiene el tiempo en la vida diaria del americano. La escuela prepara al futuro ciudadano para estar sincronizado en su vida diaria.
Aspectos de la enseñanza
Se desarrolla mucho la creatividad en la vida diaria del estudiante. Si una parte de la clase termina en algo que ellos mismos elaboren, en algo físicamente elaborable, parecen disfrutar mucho de estas actividades. Eso no sólo en lengua extranjera sino en cualquier materia.
En las escuelas existe material suficiente para diversificar las actividades de clase; desde colores, pliegos de papel, tijeras, resistol, etc.
El uso de la tecnología forma parte de las diversas actividades a desarrollar en clase. Ya no se usan plumones ni borradores, todo está integrado en el pizarrón electrónico No fue difícil aprender a manejar lo básico del pizarrón electrónico. Pero el potencial para crear diversas actividades me llevó meses.
El reto para un maestro extranjero es hacer lo más fácil posible cada clase. De lo contrario, forzarlos a pensar más que a hacer parece interpretarse como una tortura, y eso es algo que no se puede permitir el maestro. Quizás es por esto que predomina el desarrollo de la creatividad en las clases. En una de las clases que tuve la oportunidad de observar, la maestra de Ciencias había llevado termómetros para todo el grupo los sumergió en agua hirviendo que cuidadosamente les hizo llegar a cada mesa. Los chicos miraban sorprendidos cómo cambiaba el termómetro. A mí me pareció arriesgado usar el agua hirviendo en clase, pero lo maravillado que estaban los chicos realmente lo compensaba. Además de remarcarles las reglas.
El apoyo del mentor
Como ya lo mencioné, el apoyo del mentor fue de mucha utilidad. Me ayudó a entender mejor la cultura de la enseñanza en la escuela. Me hizo ser consciente de cómo dirigirme a los chicos, cómo dejar claras las instrucciones en cada actividad, cómo controlar cada lugar en el aula que en consecuencia me hizo aprender los nombres (en español) de todos mis estudiantes, y algo de mucha utilidad para el nivel de secundaria: cómo variar las actividades en clase y mantener a los chicos más interesados en la clase así, como más activos.
Los días de apoyo del mentor también fueron una oportunidad para socializar y compartir nuestras dificultades como maestros y como personas. Éramos 2 maestros en el seguimiento del mentor. Y compartimos aspectos culturales de México, de Francia y de Estados Unidos. La otra maestra que necesitaba el año de mentor era francesa. Nuestro mentor era maestra de español y de francés (Jacquelin Germain). Tenía una habilidad increíble para mantener al grupo completamente callado.
También me cuestioné mis creencias sobre el material para enseñar una lengua extranjera. Siempre estuve convencido que el material auténtico era lo más recomendable para trabajarlo en clase. Sin embargo, al ver que ella no se detenía en preparar material por sí misma y que los resultados no eran afectados en su esencia, a pesar de los pequeños errores que pueden presentarse al no ser hablante nativo. Me convencí que elaborar material sin ser hablante nativo era válido. Errores como ‘un rebajo’ en lugar de ‘una rebaja’ no afectaban la tarea comunicativa.
Por otro lado, también resultó enriquecedor para nuestra Mentora, ya que ella también solía preguntar sobre expresiones que ella no conocía o no sabía cómo expresarlas en español.
Algunas maneras de ser del americano
Debo reconocer que mis apreciaciones pueden resultar subjetivas, y probablemente sería injusto generalizar. Ya que mi experiencia se dio en un lugar al norte de Estados Unidos. Donde el invierno se extiende casi seis meses. Pero estas son mis humildes observaciones.
Cosas como las quejas de los padres, no me las hizo saber directamente la directora del plantel. La información se trianguló hasta México, hasta la encargada del seguimiento del intercambio quien posteriormente me llamó y me hizo llegar las respectivas quejas. A mí me pareció descortés que no me lo hicieran saber en primer lugar.
A lo largo de las clases, uno debe cuidar extremadamente el espacio entre alumno y maestro. De lo contrario podría mal interpretarse desde la mirada hasta la voz o la proximidad. Y como ya he mencionado, el estudiante tiene privilegios que uno no se puede imaginar en México.
Entre las actividades de ocio, la pesca es una de las que más se puede observar. Pero para mí fue sorprendente observar que cuando pescaban, sacaban los peces del anzuelo y luego los arrojaban nuevamente al agua. Al principio pensé que era sólo en el caso de peces pequeños. Pero un día aprecié a alguien que atrapaba un pez tan grande, de unos 25 centímetros, cuando nos dimos la vuelta para seguir caminando a la orilla del río nos dimos cuenta que lo arrojó al río. Fue entonces que me convencí que era una práctica común en eso de la pesca.
La llegada del invierno también hizo desaparecer las sonrisas de la gente al saludar. Además, las calles se volvieron absolutamente desoladas. Una que otra persona acostumbraba caminar. La mayoría hacía uso de sus coches. A veces pensaba que estábamos en un pueblo fantasma.
Como ya mencioné antes, el manejo del tiempo es uno de los aspectos culturales que más pude valorar. Todo está programado con anticipación; cada día, cada semana, cada mes. Hasta los festejos tienen un tiempo breve para nuestros ojos extranjeros, intenso en el alma del americano, supongo.
Aportaciones culturales
Como es sabido, la enseñanza-aprendizaje de una lengua extranjera implica necesariamente aprender sobre manifestaciones culturales.
En mi experiencia personal, de los aspectos culturales que más pude hacerles llegar a mis estudiantes fueron, entre otros, la celebración de ‘Todosantos’ o ‘Día de muertos’, el día de la independencia en México) que tanto confunden con el 5 de mayo), la batalla de Puebla (5 de mayo), la celebración de Quinceañera y la elaboración de mole y tortillas que más impacto tuvo, ya que les mostré como hacer el mole y las tortillas. Y muchos chicos disfrutaron haciendo esta actividad, y comiendo sus tortillas hechas por ellos mismos.
A manera de conclusión
Conocer otras culturas nos da la oportunidad de valorar más la nuestra. También nos da la oportunidad de entender mejor la interculturalidad.
Si logramos tocar el corazón de nuestros estudiantes, aunque sea brevemente, me parece que los estamos haciendo sensibles a otras culturas, a veces tan ajenas a las suyas.
Enseñar nuestra lengua materna en otros contextos culturales nos abre la posibilidad de enriquecer la enseñanza de una lengua extranjera en nuestro país. Al mismo tiempo nos hace más sensibles a las dificultades que nuestros estudiantes puedan presentar durante su aprendizaje de una lengua extranjera.
Cada sociedad tiene sus propios parámetros de interacción y comportamientos culturales. Y aunque no podemos transformarla, si podemos aportar un poco de nuestras experiencias a lo largo de nuestro quehacer en la enseñanza.
Puebla, Pue. Junio de 2009.
Bibliografía relacionada al ensayo
CRANE, Paul S. Korean patterns. Seoul S. K. Royal Asiatic Society Korea Branch. 1999. 188 p. ISBN: 89-7225-116-X 03380.
WONG, Harry K. y WONG, Rosemary T.H. How to be an effective teacher the first days of school. Mountain View, Ca. Harry K. Wong Publications, Inc. 2001. 338 p. ISBN: 0-96293660-2-2.