Se ha perdido mi dulce amada...
Y los girasoles se han puesto tristes.
He venido a regarles agua,
porque tus labios en mí, aún existen.
Se ha perdido mi dulce amada...
En la espesura del frío bosque.
Se ha perdido buscando el alba,
quería bañarse con el rocío áspero
del horizonte.
Que ha salido descalza y despeinada,
detrás del crepúsculo por el oriente.
Acompañada de una farola seca y apagada,
intentando encontrarme,
¡pero yo! Vivo siempre ausente.
Se le ha buscado por las barrancas,
sobre peñascos, ríos y bajo los chaquiñanes.
Cuervos y búhos advierten su mirada,
del otro lado, lejos de sus maizales.
He venido en busca de mi amada.
Taciturno, ansioso, cruzando los vientos del occidente.
Dejando despeinadas, ramas de olivos,
altos pinos y montañas.
Dejando triste, el corazón de mucha gente.
He venido rumiando sombras,
verdes frondas, eucaliptos y maizales.
He venido porque en verdad me importa,
¡mi amada es mía y también de nadie!
Se ha perdido mi dulce amada...
El anhelo y mi alma buscan recuperarte.
Te arrancaré de la sombra de humo secuestrada.
Te arrancaré, de los filos brazos de tu amante.
Se ha perdido mi dulce amada.
Y los girasoles se han puesto tristes.
He venido a regarles agua,
porque tus labios en mí, aún existen.