Hoy no pude resistirme de treparme en una mata de tamarindo mientras acompañaba a mi hermano en la cola de la gasolina aquí en la ciudad de Barcelona. Creo que me pasan esas cosas porque vengo del campo, soy de la tierra, con cierta frecuencia sufro del conocido síndrome de encierro de ciudad.
La aventura me costó un dólar, que parece haberse salido de mi bolsillo cuando saqué el celular. Acepto pagar eso y pagaría mucho más por un respiro como ése de vez en cuando. Poco me preocupa lo que diga la gente, los que están haciendo la cola para echar gasolina, aunque yo estremecí la mata dos veces y algunos se salieron de sus vehículos para recoger los tamarindos que caían. Yo me comí uno solo, sólo estaba disfrutando del aire de allá arriba, mientras conectaba yo con la fuente...
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Tamarindo de tres pepas

Sí, soy yo, Amaponian...
Créditos del texto e imágenes: Amaponian Visitor ()