Llevábamos varios días jugando, calentando el ambiente y a nosotros mismos. Tanto es así que en nuestra última “conversación” on-line le había soltado, un poco en broma y un mucho en serio, que nada más llegar “comprobaría” si había estado imaginando lo que podría ocurrir durante esa mañana.
Nos encontramos a la mañana siguiente. No fue al entrar en casa, en ese momento le dediqué un largo abrazo y varios besos, primero en los labios, luego en el cuello. El olor de su perfume siempre me envolvía lo que me hizo alargar el abrazo. En el minuto dos ya cumplía con mi aviso. Deslicé la mano bajó el pantalón que traía en busca de sus fluidos y su calor, no fue necesario sondear mucho para encontrarlos.
Imagen propia
Habitualmente solemos comenzar con un café, para romper el hielo como dice ella. Aprovechamos para ponernos al día sobre los acontecimientos de los últimos días y bromear sobre alguno de ellos. Como siempre, para nosotros, reír forma parte importante de estos momentos. Tras ese ratio pasamos al salón donde ella ocupó su sitio habitual en el sofá, lugar de algunos de nuestros encuentros. Yo tenía unos planes bien definidos….
Yo no me senté. Nada más acercarme a ella le pedí que se levantara y se quitase la ropa. Aunque estaba sorprendida ante mi petición pero no lo dudó. Mientras se desnudaba bromeaba diciéndole que era la primera vez en que alcanzaba ese punto tan rápido. Permití que se quedase con la braguita, finalizaba su ciclo menstrual e imaginé que se sentiría más cómoda así, por el momento al menos.
Todo estaba preparado en el dormitorio. Ese día nuestra cita iba a ser muy diferente para ambos, incluso nuevo para ambos en algunos aspectos. Sabía de algunas cosas que ella quería experimentar. La idea de entregarme el control absoluto le resultaba muy excitante: estar sin movilidad y privada de vista eran las opciones que más curiosidad le causaban.
Pensando en esto y como elemento principal había sujetado una cuerda al cabecero de la cama, formado por barras metálicas se presta muy bien para eso. También tenía listos algunos cojines y almohadas con las que poder ir acomodando su cuerpo según la postura. Justo en la puerta del dormitorio tenía colgado un antifaz con el que cubrir sus ojos. Para ella ese día consistiría en dejarse hacer y sólo en sentir.
Me resultaba muy seductor ocupar ese rol de dominación, la tendría solo para mi haciendo lo que quisiera. Su culo me llama la atención y en ese sentido habíamos estado introduciendo pequeños juegos de penetraciones anales utilizando mis dedos. Aprovechando esta situación quería dar un paso más. Había adquirido un plug anal para ese día. En el sex-shop aproveché para hacerme con unas pinzas para los pezones (una de sus zonas más sensibles) y fue donde encontré el antifaz que esperaba en la puerta. Por otro lado también tenía listos algunos juguetes que tengo en casa, uno de ellos desconocido para ella. En fin, la mañana realmente prometía, al menos en mi mente.
De pie y cubierta solo por sus bragas me miraba sin saber muy bien que hacer. Me acerqué a ella y sujetándola por los hombros le di la vuelta. Desde atrás la abracé uniendo mis manos sobre su abdomen y con un susurro le dije que ese día jugaríamos en el dormitorio. Ella sonrió y sin decir nada se encamino hacia la habitación.
La puerta estaba cerrada. Al dirigir la vista al picaporte vio el antifaz. Dándose la vuelta intentó decirme algo pero la silencié colocándole mi indice sobre sus labios. Recogí el antifaz y mientras se lo ponía volví a hablarle con un susurro junto a su oído:
– A partir de ahora mando yo. Si algo te molesta di “para”.– Noté como un escalofrío recorría su cuerpo al terminar de hablar.
Al pasar a la habitación nos envolvió un agradable aroma a frutos del bosque, emitido por unas velas aromáticas que había prendido minutos antes de que llegase a casa. Aunque no lo pudiese ver había preparado la estancia con mucho mimo. Nos rodeaba un agradable ambiente en penumbra proporcionado por la persiana casi abajo. La cama, vestida sólo con una sábana bajera negra de satén, presentaba un espacio casi diáfano sobre ella. Lo rompía los cojines y almohadas, situados en el lateral derecho superior, y varias toallas dobladas en el lateral inferior izquierdo. Del cabecero colgaba la cuerda lista para sus muñecas. Por último, las lámparas de las mesas de noche, ajustadas al mínimo de potencia, emitían una mota de luz dando el matiz de calidez.
Guiándola alcanzamos los pies de la cama y la recosté sobre ella colocándola boca arriba. Estaba tensa, a la expectativa de lo que se me hubiese ocurrido. Situándome sobre ella permití que mi cuerpo descansará, con un poco más de peso de lo normal. Mis labios se unieron a los suyos y comencé a besarla con suavidad. Disponíamos de tiempo de sobra por lo que no existía prisa alguna.
Me centré en sus labios, recorriéndolos y jugando con mi lengua sobre ellos. Los recorría con mi boca notando el delicioso saber de su carmín, penetrándolos con la lengua en busca de la suya. Nos fundimos en un intenso beso, no estoy seguro de cuanto duró pero si sé que no fue poco. Separando mi cabeza la deslicé hasta su cuello, acariciándolo con la punta de la lengua y bajando hasta su pecho para alcanzar los pezones con ella. Se pusieron erectos rápidamente bajo el calor y la humedad de mi boca.
Impedida bajo mi peso intentaba mover sus caderas, buscando un contacto más íntimo de su sexo con mi cuerpo. La falta de libertad la excitaba, demostrándolo con el aumento en la intensidad de sus movimientos y jadeos. Para mi estaba lista para comenzar.
Cubiertos bajo una de las toallas tenía todos los juguetes que quería utilizar. Había tarado las pinzas de los pezones con muy poco presión para probar su respuesta. Separándome ligeramente de ella y buscándolas a tientas las tomé. Estaban unidas por una fina cadena metálica que hice sonar junto a su cabeza. A la vez que dejó de moverse la giró con curiosidad buscando el sonido.
Colocándome a horcajadas sobre ella acaricié la parte inferior de su pecho con la punta de las pinzas. La cadena le rozó el abdomen lo que la hizo estremecer ante la diferencia de temperatura e intentar elevar las caderas ante el estímulo. Tiré ligeramente de su pezón derecho con mis dedos. La presión la hizo emitir un gemido y endurecer más el pezón. Abriendo la pinza la situé sobre él apoyándola en su areola. Al cerrarla arqueó la espalda mientras gemía mordiéndose ligeramente los labios. Dejé caer la cadena sobre el pecho y repetí la operación en el otro pezón. Primer contacto satisfactorio.
Incorporándome le dije que se diese la vuelta, momento en el que aproveché para quitarle las bragas. Colocada boca abajo comencé a lamerle los muslos en un movimiento ascendente. La visión de sus nalgas y el olor de su sexo me excitaban sobre manera. Le recorrí las piernas con mi boca: partiendo de sus pies, subiendo por su gemelo, muslos, alcanzado su culo y de vez en cuando profundizando entre sus nalgas para probar su vagina y su ano.
Cada uno de los ascensos de mi lengua se veía acompañado por una ligera apertura de sus piernas y una elevación de las caderas que me facilitaba el acceso al centro de su cuerpo. Estaba muy excitaba y gemía ante cada contacto de la punta de mi legua con su sexo revolviendo su cuerpo al separarla de la zona.
De nuevo a tientas busqué a Yummi, un pequeño vibrador que ella ya conoce y había “bautizado” con ese nombre. Acercándolo a su cuerpo comencé acariciando los labios externos. Lentamente lo hacía profundizar bajo su cuerpo, buscando su clítoris. Ella elevaba su cuerpo intentando facilitarme el acceso mientras gemía ante las vibraciones del juguete.
Su respiración se comenzó a agitar a la vez que con su cuerpo presionaba mi mano y a Yummi contra la cama. Apoyando sus rodillas elevó el cuerpo dejando su pecho y cabeza apoyados sobre la sábana. Sujetando mi mano con la suya guió a Yummi sobre su clítoris y emitiendo un profundo gemido alcanzó un orgasmo. Presionaba mi mano sobre su cuerpo haciendo que el juguete se apoyase por completo mientras ella disminuía la intensidad de los movimientos de sus caderas. Cuando se detuvo soltó mi mano y se dejó caer por completo sobre la cama.
Tendida boca abajo tomé su brazo derecho y llevé su muñeca hasta el hueco que había preparado en la cuerda. Hice pasar su mano y besándola en el hombre apreté el nudo. El bello de su brazo se punto de punta e inmediatamente elevó la mano izquierda buscando la cuerda. Después de sujetarla y comprobar al tacto de que se trataba la dejó caer permitiéndome que también la atase. Tomé una de las almohadas y la coloque bajo sus caderas elevándolas.
Coloqué un poco de lubricante sobre mis dedos y tomando de nuevo a Yummi con la otra mano comencé a recorrer la parte trasera de sus mulos con él. La vibración sobre su piel la hacía estremecer, poco a poco volvió a abrir las piernas invitándome a llevarlo a zonas “más divertidas”. Apoyé uno de los dedos que había lubricando sobre la entrada de su vagina. Nada más notar el contacto movió su cuerpo introduciéndolo levemente dentro de ella. En ese momento llevé el juguete de nuevo sobre su clítoris y comencé a rodearlo con su punta.
Apoyada sobre la almohada acompañaba mis movimientos con su cuerpo llevando mi dedo dentro y fuera de él. A su vez lo bajaba sobre la almohada para notar con más intensidad a Yummi. Cuando volvía a elevarlo coloqué otro de mis dedos sobre su ano. Noté como intentó llevar las manos atrás pero las cuerdas se lo impidieron. Antes de poder articular palabra le introduje mi dedo. Ahora la penetraba en la vagina y en el ano.
Ya no pudo decir nada, el placer que sintió ante el triple estímulo la dejó clavada sobre la almohada dejándome hacer sobre su cuerpo. Mis dedos fueron ganando en velocidad y profundidad mientras que Yummi continuaba acariciando sus labios y clítoris. La había visto correrse la primera vez pero esta vez lo pude notar. Con sus gemidos comenzaron las contracciones en su vagina y en su ano envolviendo mis dedos.
Volvió a caer sobre la almohada y supe que estaba preparada. Sujetándola del abdomen la elevé, haciéndola apoyar las manos y las rodillas sobre la cama. La cuerda no le permitía llevar las manos más atrás ofreciendo algo de tensión sobre sus muñecas. Tomé el juguete que no conocía y lo apoyé sobre una de las plantas de sus pies. Quería que sintiese curiosidad ante este nuevo elemento por lo que acaricié la otra planta con Yummi. Emitió un sonido de extrañeza ante los dos contactos.
Para presentárselo comencé a acariciarla con Yummi en uno de sus muslos y en el otro con el nuevo juguete. Se trataba de un dildo vibrador con el triple de tamaño que Yummi. Poco a poco lo acerqué a su clítoris para, después de rodearlo, situarlo en su vagina y comenzar a introducirlo ligeramente. Ella, muy excitada, no sabía muy bien como colocarse para que la pudiese penetrar con su nuevo amigo. La vibración junto con la profundidad que este juguete podía alcanzar en la penetración la llevaron a un nuevo orgasmo con suma facilidad.
Mientras intentaba recuperarse de la última oleada de placer cogí el plug anal. Con mucha delicadez a acaricié sus nalgas con él, estaba un poco frío al ser de tacto metálico. Su piel expresó la sorpresa de la diferencia de temperatura y el desconcierto ante lo desconocido. Lo separé de ella y le puse un poco de lubricante El siguiente lugar donde lo apoyé fue directamente sobre su ano.
No había extraído el dildo de su vagina después de su último orgasmo. Continué penetrándola lentamente con él y a la vez comencé a hacer presión sobre el plug. Inicialmente su cuerpo se tensó y dio un ligero respingo hacia delante. Poco a poco y sin casi mostrar resistencia el plug fue penetrando en su ano. Ella se dejó hacer, casi sin moverse, acostumbrándose al nuevo objeto y a esa presión dentro de su cuerpo. Después de unos segundos su cuerpo lo aceptó y comenzó a disfrutar con la sensación de estar llena.
El placer producido por el dildo, incrementado por la presión del plug la recorría por completo. Podía sentirlo con mucha más intensidad e involuntariamente comenzó a mover las caderas acompañando los movimientos que hacía con el vibrador. Definitivamente la presión extra que le proporcionaba del plug sobre las paredes de su vagina la hacían disfrutar mucho más las vibraciones y el contacto con el nuevo juguete al penetrarla con él.
Con este estímulo alcanzó un nuevo orgasmo, mucho más intenso que los anteriores. Las contracciones de su vagina presionaban sobre el dildo y llegaban hasta su ano, intentando extraer el plug. Con mi mano bloqueaba esa posibilidad por lo que su tensión interior no podía ser liberada. Esto se traducía en un placer mucho más intenso, una corriente eléctrica que la hizo desplomar sobre las almohadas haciendo que las cuerdas en sus manos se tensaran.
Cuando sus movimientos cesaron extraje el dildo de su vagina. Sin dejarla incorporar me coloqué encima de ella y sujetando las cuerdas mantuve la tensión de estas sobre sus muñecas. En esa postura situé mi glande encima de su vagina y comencé a introducirlo. Mis movimientos se iniciaron lentamente, lubricando mi pene con sus fluidos, disfrutando del control que tenía sobre su cuerpo.
Poco a poco mi propia excitación me hizo aumentar el ritmo. Cuando me di cuenta la penetraba de una forma salvaje. Mientras la envestía jugaba con el plug-anal que aún tenía en su ano. La presión que ejercía con él la notaba también en mi pene lo que me producía mucho más placer. Ella sólo podía gemir bloqueada bajo mi peso y sujeta de las muñecas como estaba.
En esa postura la hice completamente mía, intensa y profundamente. Habitualmente perdemos la cuenta de las veces que es capaz de alcanzar el orgasmos y esta vez no era una excepción. Estaba muy caliente por lo que me decidí a jugar con ella. Aliviando la presión de mi peso dejé de moverme y le indiqué que fuese ella la que lo hiciera. Logró incorporase un poco y comenzó a mover su cuerpo lo poco que las cuerdas le permitían. Esa limitación y el deseo la hicieron encadenar dos orgasmos más mientras yo jugaba a introducir y sacar mi pene de su vagina al ritmo de sus movimientos.
Recogí de nuevo las pinzas de los pezones que habían quedado a un lado. Aumentándoles la presión se las volví a colocar desde atrás mientras continuábamos con ese juego. Aprovechando esa postura utilicé la cadena de las pinzas para tirar de sus pezones mientras con la otra mano tiraba de su pelo hacia atrás. Sabía que eso junto con pequeños azotes le encantaba por lo que ella no paraba de moverse, de gemir y de correrse una vez tras otras.
Fue en ese momento cuando liberé sus manos y le di la vuelta. Este cruce de la cuerda la limito aún más. Volvía penetrarla en esa posición. Ahora el ritmo era solo cosa mía. La acercaba al orgasmo con pero sin dejar que lo alcanzase. Estiré el juego hasta que ella me suplicó que la llevase al éxtasis.
Ella quería tocarme, quería verme, ya no aguantaba más las limitaciones. Aflojé la presión sobre sus manos y le retiré el antifaz. La realidad es que quería ver sus ojos cuando llegase el orgasmo por el que la había hecho suplicar. No tardo mucho, nada más clavar sus pupilas sobre las mías incrementé el ritmo de mis movimientos desatando ese orgasmo por el que tanto la había hecho esperar. Arqueó su espalda para acercar su cuerpo más a mi. Mientras explotaba quedó sin respiración a la vez que todos sus músculos se tensaban.
Mi momento estaba cerca, en realidad ya me había tenido que contener varias veces durante ese encuentro. Para mi ese era su día y quería continuar con el juego todo lo que pudiese. Sin embargo la excitación de ese último orgasmo de ella me hizo dedicarme más en mi, permitiéndome subir en la intensidad de los movimientos. No tardé mucho, me bastó con una decena de segundos para comenzar a eyacular dentro de ella mientras nos mirábamos, disfrutándolo, llenándola con mi semen en cada embestida.
Después de esa descarga y todo “el meneo” que llevábamos caí extenuado a su lado tomando aire. Satisfechos con todo lo que había ocurrido nos mantuvimos durante veinte minutos entre besos y caricias para después pasar a la ducha.
Al poco rato ya nos estábamos despidiendo, ambos teníamos que atender nuestros respectivos compromisos del día. Sin duda había sido una mañana espectacular e intuía que ella pensaba de igual forma. Más tarde me confirmó que mucho más que eso, quedando en que pronto profundizaríamos más en todo ese nuevo universo.