¿Qué venezolano no ha probado el casabe? Y ¿Qué extranjero cuando ha venido no ha tenido la oportunidad de probar este sencillo alimento? Pues en la cuadra siempre hay alguien que le gusta comer casabe todos los días y que si le llega a faltar sale a comprarlo no importa que.
Una mujer que se había quedado en casa por el tiempo de lluvia fregaba los platos, pero de repente escucha que alguien corre por la calle. Lo primero que ella se pregunta es si algo malo ha pasado, bueno, en este rápido pensamiento está esta mujer cuando ve por la ventana de la cocina que su vecino, un señor canoso y mayor ya, corre, aunque la mujer no lo note porque está bajo echo, ha empezado a llover.
-Qué cosa tan rara el vecino corriendo-se pregunta.
Pero contrario a su costumbre y por la situación irregular, estira el cuello para ver mejor y se da cuenta de que el viejo vecino lleva en las manos una torta de casabe tan grande que ni aún picada en cuatro trozos cabía en una bolsa.
Esta carrera no era por la vida, ni por la lluvia en sí mismo, ni por qué se iba a mojar la ropa; y esto lo digo para los extranjeros que no conocen el casabe, que cuando el casabe se moja mucho tiende a romperse muy fácilmente.
Cuando el viejo vecino entró a su casa se desató un aguacero tremendo, no corrió por cualquier cosa, sino porque sabía lo que iba a caer del cielo y se le iba a mojar el casabe.
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