La abuela Ana vivía en Cachipo, un pueblito rural entere pueblos más grandes. Aún en sus años cuenta que cuando pequeña escuchaba todas las noches un caballo y unas cadenas que corrían. Tanta curiosidad la llevó a dejar el miedo de lado y asomarse por la ventana. Eran ya muchos años en que si esperaba despierta hasta la 1 de la madrugada podía oírlo venir.
Ella vio y había un gran caballo negro sin cabeza manando sangre negruzca, cubierto y rodeando de cadenas. Caminaba como desganado por la carretera de polvo en una noche alumbrada por una luna con cielo despejado.
Clok clok… Clok Clok... Clok clok.
La pobre pequeña Ana de apenas diez añitos se desmayó de la impresión y quien sabe cuántas horas pararía desmayada junto a la ventana porque su mamá la encontró de mañana allí tirada.
Con una impresión tan grande la niña pasó tres días con fiebre y muy asustada. De todas las cosas que vio la abuela Ana en su vida nunca olvidó aquella visión de espanto.
¿Fue la fiebre que causó el delirio? ¿O fue la visión de un espanto que causó su enfermedad?
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