Siempre hay una vieja casona con una señora que ha trabajado y criado hasta a diez hijos en ella, pero al llegar la vejez solo uno o dos se quedan.
La abuela enfermó y su vientre comenzó a hincharse, parecía de al menos unos seis meses de embarazo, las fuerzas le faltaban, tenían que ayudarla a caminar, pero ese carácter nunca perdía fuerzas.
Solo quedaron los dos hijos menores para cuidar a su madre, el varón trabajaba y la hija quedaba cuidando a sus dos padres ancianos y enfermos. Cocinaba, limpiaba, atendía las necesidades de sus padres, hasta las más básicas.
La señora por su enfermedad, que no se sabía bien lo que era, escupía mucho, sentía la necesidad de escupir y al no poder levantarse muchas veces terminaba escupiendo en cualquier lado. Pero llegó un día en que la hija estaba limpiando el piso, cansada, quizá muy estresada y su madre no pudo evitar escupir justo donde la mopa acababa de pasar.
La hija frustrada tiró la escoba en el piso y exclamó:
-¡Pero bueno señora! ¿Qué no ve que acabo de limpiar allí?
La anciana se levantó como pudo, con todo el dolor que le causaba ese vientre tan abultado, dio unos pasos, recogió la mopa y se enderezó. Apuntó a su hija con el palo y respondió:
-¡Bueno, si no me quieres cuidar te puedes ir!-Gritó con todo su ardor-¡Igual el día en que me muera me muero sola!
La hija furiosa se fue, solo ella sabe si habrá recibido más ofensas que amor. No pasó una semana y la anciana murió.
Esa hija nunca olvidó que su madre murió enojada con ella.
You can also follow me on my twitter.
Un especial saludo para ti que te mueves todos los días en Hive, sigue compartiendo, creando, animándote a conocer más