La ciudad tiene su magia, aunque permanecer en ella durante tanto tiempo puede hacer que la perdamos de vista, saben de lo que hablo, podemos estar muy ilusionados cuando nos mudamos a un nuevo sitio, una nueva ciudad, se supone que nuevas oportunidades, y de cierta manera las hay, pero cuando uno encuentra una rutina, llega el momento en el que todo lo que te impresionaba al principio ya no es así.
Pero les parecerá extraño que hable de ciudad cuando la imagen que les comparto es una de una zona boscosa, en la que la vegetación, lo verde, es lo que predomina. Y no es que este confundido ni nada parecido, lo que ocurre es que siempre que quiero empezar a contemplar eso que he dejado de ver en la ciudad, acudo a un parque, lo cual me reconforta, pero pasar unas horas en un parque me permite que me distancie.
Y es este distanciamiento el que termina por hacerme ver nuevamente lo que ya no veía. No sé si me explico, se que puede resultar extraño, pero, disfruta la ciudad, también un parque natural, pero una cosa complementa a la otra.

Esos momentos en los que estoy libre, y creo que lo he comentado en otras oportunidades, literalmente me escapo de lo que me circunda, de lo que me puede aturdir en la ciudad y mi sitio de escape es precisamente algún parque o montaña en el que me sienta libre, en un proceso, así lo llamo, de desintoxicación, y no porque me aleje del humo de los carros, sino que la desintoxicación principal, para mi en este caso, es la mental.
Por tal razón, disfruto mucho de lo natural, me gustaría tener más espacio de tiempo para distanciarme un poco, pero por cuestiones laborales realmente no puedo. No aún, no por ahora.