Si al amanecer me enredo entre tu pelo, me embriago con tu esencia o me pierdo entre tus brazos, no me culpes, caí de nuevo entre las garras de la lluvia tentadora y de tu ardor apasionado.
Desperté y allí estabas tú, con tu piel muy tersa y suave a los labios que curiosos, quisieron saborear tu aroma de cada día, ¿cómo hacer si ese sabor a un nuevo día en tu regazo me debilita las fuerzas y aumenta mí necesidad de ti y de tu presencia?...
Fuerte soy pero al tenerte tan a distancia cerrada me debilito y me siento el más fiel esclavo de tus mieles, aprendí pronto a no vivir sin alimentar mí amor de ti y así sentir mío el universo.
Amaneció y estás aquí, en mí, por mí y para mí, otra noche larga sin dormir ni soñar por contemplarte y cuidarte esperando ansioso el anhelado amanecer entre tus brazos aferrado a ti desesperado.
Ahora no hay lugar para el te extraño, estás aquí, el largo te pienso, pues se hizo realidad, se toca el pensamiento, recordarte ya no es acción del pasado, el te extraño se queda para el cuándo no estés, cómo un pasado que se traslada al futuro imposible, pues tu estás y no te irás jamás para extrañarte.
En mí gerundio lenguaje solo existe el presente perfecto, estás aquí, estando al amanecer en mí y yo en ti, solo una certera realidad cual catedral: Estamos