Pensarte es poner sobre el olvido tu recuerdo, aplicar varias manos de pintura color recuerdo sobre el color olvido, es el constante barnizar el presente con el pasado disfrutado a tu lado para imaginar el futuro.
¿Cómo vivir sin pensarte, si la vida se ha convertido en un solo pensamiento, una sola imagen? la tuya...
Por más empeño que he puesto no se borra de mí memoria el recuerdo, pensarte es como mí respirar, mí levantarme, caminar...
Ya parece un signo vital más, cómo si mí pulso fuera pensarte, pensarte me hace extrañarte, añorarte, anhelarte y hasta idolatrarte, ¿dónde estás cuando te pienso?...
¿Acaso también me piensas tan intenso como yo o solo yo estoy padeciendo está penosa enfermedad tan recurrente?... ¿habrá medicina a mí mal, cual antídoto el ideal?...
Cuál manecilla segundera del reloj está este pensamiento, sin pausa, constante, incisivo martillo atormentante que marca la pauta en mí día a día,
minuto a minuto.
Asusta cual mortal enfermedad incurable, fin de la respiración, pausa prolongada de latidos del corazón, paciente padeciente de un mal sin nombre, enfermedad desconocida, de esas que asegura la muerte inminente futura
Si te pienso cuando te pienso, la vida eres tú, el norte eres tú y al dirigirme al horizonte cruzando la tormenta del no estás hoy presente, ¿qué me depara el futuro acompañado de tu ausencia prolongada?...
¿Hacia dónde oriento mis velas, que dirección lleva el viento?...
Un mar amplio, inmenso, tormentoso de pensamientos, dónde naufraga, vagabundo tu insistente y recurrente recuerdo.
Cada página, amarilla y arrugada por el uso y el tiempo, del diario de mí vida como si no existiera el diccionario, está llena de principio a fin de una sola palabra en mayúsculas, te pienso, te pienso...te pienso.